
El arrestado, de 76 años, abordaba a las mujeres para después abrazarlas y besarlas sin su consentimiento en la zona de Jaizquíbel.
La investigación se abrió la semana pasada, cuando una peregrina extranjera denunció ante la policía autonómica lo que le había sucedido mientras hacía la ruta jacobea por la zona Norte. La mujer contó que un hombre se cruzó con ella en una zona rural, habló con ella un momento y después empezó a besarla de forma forzada. Ella logró zafarse del agresor y siguió su camino.
A partir de esa denuncia, los agentes descubrieron que desde junio se habían producido al menos otros siete casos parecidos en la misma zona, todos con un patrón similar: la víctima, una mujer extranjera, caminaba sola cuando era abordada por un hombre con las mismas características físicas. Sin embargo, estos hechos podrían estar produciéndose desde hace más tiempo.
Quien primero dio la voz de alarma fue un hospitalero del albergue de Irún. Miembro además de Jakobi, la asociación jacobea Irún-Bidasoa, suele subir al monte Jaizquíbeldos o tres días por semana y ahí fue donde se encontró con varias de las afectadas. «Un día, el año pasado, me crucé con un grupo de tres chicas. Les dije que era hospitalero y noté enseguida una distancia muy fuerte hacia mí. Seguí andando, ni caso. Al rato una de las tres se acercó y me dijo: nos ha pasado esto, un tío le ha hecho esto a mi amiga, que se había quedado sola atrás», relata.
Siguió su camino hasta las antenas de Jaizquíbel, donde se cruzó con una mujer alemana que iba sola. «Le pregunté si le había pasado algo raro. Casi pensó que era yo otro más (refiriéndose al agresor), menos mal que estábamos todos allí. Ya me contó cómo lo había hecho: primero le pidió un abrazo, y luego, en el abrazo, empezó a besuquearla», explica. Según el hospitalero, el mismo hombre repitió el ataque dos veces aquel mismo día con dos mujeres extranjeras distintas, siempre utilizando el mismo gancho: «Déjame que te abrace».
Relata que fue él quien llamó a la Ertzaintza desde las antenas y le pasó el teléfono a una de las chicas, la que hablaba español, para que contara lo ocurrido directamente a los agentes. «Di parte de cómo había actuado ese hombre. A partir de ahí, nadie se puso en contacto con nosotros», explica. También les insistió a las víctimas para que, al llegar a San Sebastián, pusieran la denuncia correspondiente, aunque nunca supo si ese trámite llegó a completarse.
Tras la última denuncia, la Ertzaintza decidió montar un dispositivo con agentes de paisano en la zona. Allí localizaron al sospechoso -que coincidía plenamente con la descripción- al que interceptaron tratando de repetir la misma maniobra con otra peregrina. En ese momento procedieron a su detención. El arrestado fue trasladado a dependencias policiales para practicar las diligencias correspondientes y será puesto a disposición judicial en las próximas horas. La investigación sigue abierta para tratar de identificar a más posibles víctimas.
Una zona muy transitada
La zona donde habría actuado el detenido no es un tramo cualquiera. Es, con diferencia, el más transitado de toda la comarca. Según los cálculos de la asociación Jakobi, solo por el albergue de Irún pasan cada año unas 9.000 personas, y la propia asociación admite que la cifra real puede ser bastante más alta: hablan de 12.000 como mínimo, aunque las estimaciones oficiales sobrepasan los 18.000.
De esos miles, casi todos -el 95%- eligen el mismo camino: el de la Costa, que sale de Irún, cruza Hondarribia y sube hasta Jaizquíbel. Justo el tramo donde se produjeron los abusos. y no solo suben peregrinos. Además, por esa ruta transitan también muchos turistas, sobre todo franceses y guipuzcoanos, y vecinos de la propia zona que salen a caminar. Un goteo constante de gente, muchas veces sola, en un monte que no tiene control ninguno.

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