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lunes, 6 de julio de 2026

Abinader, conminado a honrar los deberes adquiridos por el gobierno ante el país al dictar y aplicar la Ley 30-26 Avatar del Ignacio Nova.

Por Más Noticias y un poco Más
Santo Domingo, RD.-

Ignasio Novas 

Leí detalladamente la Ley 30-26 antes de escribir sobre ella hace una semana.

He escuchado críticas, válidas y obtusas; también interpretaciones interesadas en generar entuertos.

¿Qué otro momento puede un gobierno escoger para imponer nuevos gravámenes a sus ciudadanos sino cuando los cielos de la coyuntura y las previsiones estratégicas inmediatas se “encapotan” con el mortecino color, la tensión dinámica del gesto anárquico y el albur premonitorio de la luz en riesgo y bajo ataque, tan propios de los nubarrones libérrimos e imprevisibles que en sus pinturas plasmaron Thomas Gainsborough y Joseph Mallord William Turner?

Aquellos ingleses hicieron de la pintura la expresión de su alma, el lenguaje egregio de unas emociones y sentimientos que modelaron sus signos con los fenómenos climáticos: la expresión de ese espasmo emocionado, trágico e inquietante que Immanuel Kant designó sublime. La tragedia o la felicidad inminente; la sensación de vivir al borde del riesgo y del éxtasis.

El sobrecogimiento humano ante las fuerzas que lo superan, en este caso el clima, recién apropiado desde los estudios geográficos y atmosféricos. Los de la realidad, sin embargo, no lo eran en la pintura, para ingresar a sus habitaciones debían hacerse emoción. Ser aprehendidos de la subjetividad para, en consecuencia, constituirse en alimento de las artes que como placer o pavor ingresa a las almas.

Los nubarrones en el tiempo que vivimos y en el que vemos aproximándose no son, en realidad, los mensajes de la naturaleza sino el sentimiento humano ante el albur y su conflicto con el destino esperado, el saldo entre aspiraciones y las realidades, en medio de fuerzas en tensión, obstructivas o prósperas: la guerra entre titanes.

De ello el alma habla, con el arte. Porque el arte es el alma de los pueblos. Aun cuando, desde la desolación, los artistas han olvidado hablar desde ella.

Valgan las palabras previas por las necesidades y tragedias nacionales que se experimentan en movilidad, educación, salud, cultura… De ellas dan cuenta las noticias, los enfoques y los diarios, en sus editoriales.

Parecería que arribamos al momento de declive de la dominicanidad. Uno impulsado desde arriba.

Impuestos en medio del desastre.

Para hacer frente al clima de incertidumbre que las crisis importadas generan en las economías dependientes, los gobiernos necesitan recursos y, más que eso, bien administrarlos.

De manera que a veces es perentorio imponer nuevos gravámenes.

Para ello el gobierno dominicano escogió el momento en que estalló el conflicto en el Medio Oriente y su consecuente incremento de los precios del commodity capaz de impulsar la inflación en el orbe: el petróleo.

Quizás, también, por razones de supervivencia y la obligación de mantener sobre columnas resistentes el clima de estabilidad macroeconómica, lo cual es arduo en una economía cuya balanza comercial es, anual y patológicamente, deficitaria.

Como todos sabemos, nuestra economía consume bienes y servicios importados en montos mayores que los exportados.

Por esta causa, el Balance de la Cuenta Corriente nacional cerró el 2025 y, según informaron las autoridades, en -US$1,487.9 millones, deficitario.

Tanto la Dirección de Crédito Público como el Banco Central de la República Dominicana informaron al respecto.

Compartieron los flujos netos de las diferentes subcuentas de las categorías macroeconómicas (CM) de la matriz integral de nuestra Balanza de Pagos.

Es necesario que cada ciudadano conozca la realidad económica de su país y que ancle sus expectativas a las oportunidades que objetivamente de ella pueden derivar. Naturalmente que recordando una frase: “Malestar de muchos, consuelo de tontos”, lo cual invita a mantenernos proactivos y laboriosos. De tal modo describo nuestro escenario económico hasta el 2025, cuando cada grupo y subcuenta indicativa registraron —según nuestras autoridades— los siguientes resultados, siempre en millones de dólares estadounidenses (US$), salvo indicación diferente.

Situación macroeconómica.

La balanza comercial (CM #I) reportó: a) Exportaciones por US$15,930.6 y b) Importaciones de mercancías por US$30,100 millones, para cerrar con un saldo igual que -US$14,169.4 millones.

La balanza de servicios (CM #II), por su parte, generó a) ingresos por turismo ascendentes a US$11,200 millones y b) egresos por fletes marítimos, pasajes de avión de dominicanos y seguros exteriores iguales a US$3,100 millones, cuyo saldo arrojó +US$8,100 millones.

Los ingresos primarios (CM #III) se componen por aquellos recursos que en su gestión ordinaria el Estado capta por la provisión de bienes y servicios. Excluyen ingresos por financiamiento o por emisión de nueva deuda y se clasifican en tributarios y no tributarios. Estos tuvieron el siguiente comportamiento: a) Renta de Factores (pagos de intereses de deuda externa pública por US$463.2 y b) Intereses de deuda privada y repatriación de utilidades totales: US$6,821.6. Resultado: US$7,284.8 millones.

Se debe aclarar que lo de “Ingreso primario” es el nombre oficial de la cuenta en la Balanza de Pagos, independientemente de si el resultado final de tu ejercicio es ingreso o un egreso de dinero.

Con la categoría macroeconómica IV, el comportamiento fue así: a) las transferencias corrientes (remesas familiares netas entrantes alcanzaron US$11,866.3 millones; b) las remesas desde el país hacia el exterior: alrededor de US$250 millones; c) las donaciones ≈US$18 millones y d) los impuestos menores (transferencias corrientes y transacciones exteriores: entre US$10 millones y US$15 millones, arrojando un saldo de +US$11,811.3 millones.

El saldo final de la cuenta corriente, que resulta de sumar los montos citados, fue establecida por las autoridades en -US$1,487.9 millones, deficitario.

De aquí que el gobierno debía decidir sobre su cuenta financiera (CM #V) para compensar el resultado. Para ello, recurrió a: a) préstamos internacionales netos por US$5,033 y b) varió el monto de sus Reservas Internacionales Netas en US$3,545.1 millones.

Efecto de este manejo, la cuenta Transferencias corrientes netas resultó, formalmente, en US$11,796.3 millones. Y el de la cuenta corriente, en US$1,542.9, saldo mayor en US$55.0 millones más que los US$1,487.9 millones oficialmente informado.

En tal sentido, en 2025 el país tenía que agenciarse esos US$1,542.9 millones para neutralizar el impacto deficitario. Lo hizo con ingresos procedentes del capital internacional, del siguiente modo:

a) Inversión Extranjera Directa (IED): US$5,033.0 millones en capitales de largo plazo, un componente que ha devenido relevante para la sostenibilidad del sector externo porque representa más del triple del déficit operativo nacional.

b) Inversión de Cartera y Préstamos Netos. Endeudando el Sector Público No Financiero (SPNF) con organismos crediticios externos, el gobierno obtuvo US$465.5 millones, colocando nuevos bonos soberanos, realizando desembolso de la Dirección General de Crédito Público y acreditando pagos por amortizaciones.

c) Activos de Reserva (el colchón de divisas). Para evitar el efecto de la masiva inyección de la IED en la economía y prevenir aumentos en la tasa de cambio, el BanCentral absorbió los dólares excedentes del mercado cambiario, comprando a la banca privada -US$3,955.6 millones que resguardó como Reservas Internacionales Netas (RIN).

Poniendo en práctica este juego, el gobierno y el sector privado dominicanos no presionaron la tasa cambiaria aumentando la demanda de divisas prestadas para cubrir el déficit comercial. Lo lograron gracias a los inversionistas internacionales. Desde sus actividades hoteleras, inmobiliarias, mineras e industriales en zonas francas, ellos inyectaron a la economía los dólares suficientes (US$5,033.0 millones) para financiar las importaciones del país con comodidad, permitiendo, además, que el BanCentral incrementara el poder de asimilación de impacto de su colchón de reservas internacionales netas, elevándolas a niveles históricos.

De aquí que, repetidamente, el gobernador de esa entidad, señor Héctor Valdez Albizu, reiterara, antes de que la pequeña reforma fiscal recién aprobada y puesta en marcha por el gobierno mediante la ley 30-26 fuera sometida, que la economía nacional poseía suficientes fortalezas para resistir el impacto del sector externo, por su crecimiento, el auge del turismo, de las remesas y de la IED. Según los comunicados oficiales del BanCentral, al cerrar el año 2025, las RIN ascendieron a US$14,691.2 millones, equivalentes al 1.5% del PIB, un monto capaz de cubrir holgadamente 5.6 meses de importaciones de bienes y servicios (excluyendo las de zonas francas). Cerrando mayo del 2026, casi un mes antes de que se aprobara la Ley 30-26, estas RIN totalizaron US$15,771.1 millones, lo cual es US$1,084.4 millones más que las constituidas hasta diciembre del 2025. Este nuevo monto permitió a la economía cubrir casi un mes (0.9) de importación más que en diciembre, al cubrir 6.5 meses.

El gobierno: obligado a la eficiencia, a la transparencia y a la ética en la gestión de los fondos públicos

Con la 30-26 aprobada, el gobierno dominicano proyecta ingresar entre RD$18 mil millones y RD$22 mil millones en lo que resta del año; durante el 2027: entre RD$45 mil millones y RD$50 mil millones. El 90% de esos montos provendrá del 1% de la población más rica del país.

El gobierno nacional ha estado bajo una fuerte presión y ostensibles oportunidades desde su llegada al poder en agosto del año 2020.

Sin embargo, las soluciones de los problemas que afectan de forma particular la vida ciudadana se han ralentizado en una vorágine que, al incrementar los niveles de ingobernabilidad, conflictúa la gobernanza.

Una lectura a los medios de comunicación veraces da cuenta de un clima de desesperanza con relación a que el país pueda enfrentar exitosamente los actuales retos.

Las recaudaciones esperadas por concepto de esta ley representan entre el 0.22% y el 0.26% del PIB del 2026 y, para el 2027 la proyección es que oscilen entre el 0.51% y el 0.57% del PIB. Hablamos de que la 30-26 aportaría, a los presupuestos del gobierno del año 2026 y el proyecto del 2027 un 1.11% y hasta un 2.72% en el 2027.

Sin embargo, los efectos financieros de dicha Ley en los bolsillos de la gente y en las arcas nacionales han sido aviesamente exagerados.

De todos modos, al imponer los nuevos gravámenes, el gobierno está conminado a ser más eficiente porque la gente se considera que el gobierno se lo debe, con derecho a reclamarlo y obtenerlo.



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