El presidente de la Sociedad Gallega de Patología Digestiva explica los diferentes tipos de endoscopias y sus nuevos usos.

—¿Qué es una endoscopia?
—Endos significa dentro y scopia, observar. De hecho, si vamos a referirnos etimológicamente a la palabra endoscopia, hasta una artroscopia sería una. Cuando hablamos de ello desde el punto de vista digestivo, nos referimos a las gastroscopias, las que se realizan por la boca; y colonoscopias, por el ano, pero hay otras muchas endoscopias que se pueden realizar por la boca o por el ano y que no son ni una ni otra. Por ejemplo, las endoscopias de la vía biliar, que se realizan habitualmente por la boca, o a veces las endoscopias del intestino delgado, que se pueden realizar por la boca, por el ano o, incluso, con una cápsula endoscópica.
—¿Este tipo de pruebas tienen mala fama?
—Yo diría que esa mala fama se ha perdido, sobre todo con respecto a años previos. Las gastroscopias suelen ser procedimientos desagradables; la colonoscopia no solo suele ser desagradable, sino dolorosa, en mayor o menos medida, y por eso se realizan bajo sedación en la inmensa mayoría de los casos. Así que diría que ha perdido, un poco, esa mala fama que arrastraba.
—¿Cómo están evolucionando los distintos subtipos que existen? ¿Se ha pasado del diagnóstico al tratamiento?
—Sí. En general, la endoscopia digestiva está evolucionando; se siguen haciendo muchas diagnósticas, pero cada vez se están haciendo más terapéuticas, en las que se realiza algún tipo de tratamiento, desde lo más simple que sería la extirpación de pólipos, más frecuentemente en la colonoscopia; hasta procedimientos de otro tipo, por ejemplo, con las endoscopias de vía biliar. Las ecografías endoscópicas empezaron siendo procedimientos diagnósticos y cada vez hay más de tipo terapéuticos realizados con ellas. Y esto es una gran ventaja porque la alternativa eran cirugías que ahora se ahorran. En cualquier caso, tenemos que saber que estos procedimientos terapéuticos endoscópicos también son más complejos, porque al ser muy próximos a la cirugía, llevan aparejados riesgos o complicaciones, las cuales se parecen más a las de la intervención quirúrgica. Por ejemplo, para extirpar un pólipo lo tengo que cortar, y aquí hay un riesgo de hemorragia. Es más, este abordaje es el más sencillo, cuanto más complejo sea, mayores son los beneficios porque nos ahorramos una cirugía, pero también, los riesgos del procedimiento.
—La participación global del cáncer de colon, entre el 2013 y el 2024 en Galicia, se situó en el 49,2 %, aunque en el último año estudiado, alcanzó el 56,5 %. ¿Cómo lo valora?
—La participación está mejorando, pero todavía queda. No estamos en niveles óptimos, ni en nuestra comunidad autónoma ni en la mayoría de las regiones, aunque en algunas, como el País Vasco o Navarra, tienen niveles de participación superiores a los nuestros. Nosotros nos situamos en ese algo más del 50 %, pero no hay que estar satisfechos. Por ejemplo, la participación en el cribado del cáncer de mamá es muy superior, y aunque en el de colon haya crecido, hay que seguir por ese camino.
—¿Es un tumor silente en sus comienzos?
—Sí. De hecho, cuando el cáncer de colon da síntomas, en una gran parte de los casos, está en un estadio ya avanzado.
—Cuando se manifiesta, ¿qué síntomas provoca?
—Son los tradicionales: el cambio del hábito deposicional, más frecuentemente estreñimiento, pero en ocasiones también diarrea, el sangrado en las heces, lo que nosotros llamamos rectorragia, o el dolor abdominal. También en otros casos hay síntomas derivados o comunes a otros tumores, como el cansancio, la anemia, la falta de apetito o la pérdida de peso.
—Entiendo que en ese carácter silente reside parte de la importancia del cribado de cáncer de colon, que detecta lesiones precancerosas.
—En efecto, lo que encontramos en una colonoscopia, en un gran porcentaje de casos, son las lesiones que con más frecuencia van a dar lugar al cáncer de colon, que son los pólipos, los adenomas, así como otros tipos que no son adenomas, sino pólipos serrados. Con la colonoscopia los detectamos y los extirpamos, y de esta forma ya no van a dar lugar a un cáncer de colon. Ahí prevenimos el tumor, no estamos haciendo un diagnóstico precoz del cáncer de colon, que desde luego, si ya está, se puede hacer. De hecho, si durante una colonoscopia, que se hace a raíz de un cribado de cáncer de colon en el que se ha detectado sangre oculta en heces, se encuentra un cáncer de colon, es más fácil que no tenga un estadio avanzado en comparación con el tumor que ya ha provocado adelgazamiento, anemia o dolor. Los cánceres del programa de cribado tienen un estadio menor que los que se diagnostican a raíz de los síntomas. Pero, insisto, va más allá. Creo que tiene un valor excepcional la prevención mediante la extirpación de los pólipos.
—En varias ocasiones han alertado de un aumento del cáncer de colon en poblaciones más jóvenes y se apunta, en parte, a los hábitos de vida. ¿Tienen un peso relevante en este tumor?
—Sí. Ese aumento se observa entre los grupos poblacionales de menos de 50 años; edad a partir de la cual se establece el programa de prevención del cáncer de colon en España. Sin embargo, no es un cáncer, que podamos decir, de gente joven. De hecho, es más frecuente por encima del límite alto del programa de cribado que por debajo. Quiero decir, esta prueba se realiza entre la población asintomática de los 50 a los 70 años. Si ahora hiciéramos una colonoscopia a todos los que nunca se han hecho una colonoscopia, que tienen más de 70 años y a los de menos de 50, encontraríamos más cáncer en el primer grupo. Ahora, hay un cierto debate acerca de hacia dónde aumentar esta prueba, y parece que es más eficiente hacia los 75 años, aunque hay opiniones encontradas al respecto. En cuanto a la prevención primaria, una alimentación sana que incluya fibra en la dieta, rica en verduras, en fruta, en lácteos, en contra de lo que piensa la población general, evitando la carne roja, el tabaco, el sobrepeso y el sedentarismo, así como con una práctica de ejercicio físico se refleja tanto en la prevención del cáncer de colon como de otros muchos.
—Dentro de su especialidad se está abriendo el debate sobre el cribado de cáncer de páncreas y el gástrico. ¿Aquí tendría sentido hacerlo a la población general o solo en población de riesgo?
—Sí, desde luego tiene que ser población de riesgo. De hecho, en el caso del cáncer de colon, también se hace en población de riesgo medio, porque la de riesgo bajo está por debajo de los 50. También hay un riesgo alto, con antecedentes familiares o con alguna enfermedad en la que se sabe que es más frecuente el cáncer de colon, como algún tipo de patología inflamatoria. Y en el caso del cáncer de páncreas o cáncer gástrico, realmente está indicado en los de alto riesgo. Es verdad que el cáncer de páncreas está aumentando, y además es muy preocupante porque a día de hoy tiene una supervivencia muy baja. Sin embargo, no tiene la frecuencia que tiene el de colon y por tanto, en la actualidad al menos, se restringe a casos de alto riesgo, como aquellos con antecedentes familiares, con síndromes bien conocidos o con algún tipo de alteración genética que favorece su aparición.

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