Lo que parece increíble es que, luego de que todo dios vio cómo la camioneta sin placas del diputado llegaba hasta la entrada del estadio, las autoridades dijeran que buscarán multarlo. Qué manera del gobierno y de la policía de hacer un oso sobre un oso’, escribe Salvador Camarena en su columna.
Hay gente que nace con estrella, que ni qué. Entre ellos, Cuauhtémoc Blanco. Quién más está en un movimiento que se dice feminista a pesar de haber sido acusado de agresiones sexuales; quién más puede saltarse sin placas un operativo que bajó de sus autos a miles.
La CDMX anuncia el ensayo del plan de movilidad más importante en lustros. Se declara que quienes deseen asistir al partido de reapertura del Azteca serán conejillos de indias que caminan. Todos a pie, mientras Blanco entra en camioneta sin placas.
Ya se sabe que el sábado la nota no fue el empate a cero entre Portugal y México. Hubo una tragedia que cobró la vida de un joven, hubo denuncias de desorden monumental en algunas entradas y hubo la flagrante demostración de prepotencia de Blanco.
Lo que parece increíble es que, luego de que todo dios vio cómo la camioneta sin placas del diputado llegaba hasta la entrada del estadio, las autoridades dijeran que buscarán multarlo. Qué manera del gobierno y de la policía de hacer un oso sobre un oso.
Cuando Pablo Vázquez, jefe de la policía, dice que se va a sancionar a Blanco por circular sin placas, lo que hace es meterse solito en un lío. ¿Cuántos uniformados bajo su mando vieron y no detuvieron ese día al suertudo exfutbolista?
Si le hacemos caso a los números de la Secretaría de Seguridad capitalina, tan solo en los alrededores del Azteca Blanco burló —cual Maradona contra Inglaterra— a casi seis mil uniformados: el boletín de la policía anunció un mega operativo con “cuatro mil 613 policías, dos drones de la ‘Unidad Águila’; un helicóptero de la Dirección General de Servicios Aéreos Cóndores. En tanto, 800 policías de la Subsecretaría de Control de Tránsito, apoyados por 40 patrullas y 10 grúas”. Y nadie vio la camioneta de tres millones de pesos de Blanco. Ajá.
Es imposible. La explicación que no quieren dar es la elemental. Hay mexicanos de primera (quién sabe por qué, y quién sabe por qué Blanco es uno de ellos) y los demás. Y eso lo saben, tanto en la CDMX como en el resto del país, antes que nadie los policías.
Nuestros policías padecen lo peor de nuestra cultura gandalla. Un agente necesita andar muy despistado, ser novato o de plano, un fuera de serie para ver un chico camionetón como el que traía Cuauhtémoc ese día y decidir detenerlo. No se busca problemas de a gratis.
Así que lo que la policía y la jefa de Gobierno, Clara Brugada, no pueden declarar es que vieron a Blanco y lo dejaron pasar (quizá incluso hasta le abrieron el paso en más de una ocasión). Y todo eso sin contar que tampoco fue molestado fuera del perímetro del Azteca.
No existe chilanga o chilango que traiga un auto sin placas y crea que puede avanzar más de unos cientos de metros antes de ser detenido.
Salvo que te llames Cuauhtémoc, te apellides Blanco y, de la presidenta de la República para abajo, nadie te moleste.
¿Será porque tiene fuero? Pues a ver cómo le hacen en el gobierno capitalino para multarlo sin estar en flagrancia; a ver cómo le piden cuentas a quien insisten en arropar al grito morenista, en voz de diputadas, de “no estás solo”.
Hay gente con suerte. Y en 2027, en una de esas, el gobierno de “llegamos todas” y de “nadie por encima de la ley” lo invita de nuevo a ser uno de sus mejores exponentes de lo poco que valen las consignas morenistas.

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