Santo Domingo.-
A pesar de que prefirió no revelar su identidad, comentó a la reportera de El Día que no posee hijos, pero su negocio es lo que sostiene sus sueños.

Bajo una sombrilla verde de playa, que utiliza para cubrirse del sol, un joven vende pinchos calientes en Playa Najayo, San Cristóbal, con el objetivo de "costear sus estudios y ser alguien en la vida".
Sobre la arena y a pocos metros de la orilla, el joven comerciante erige su pequeño puesto desde tempranas horas de la mañana, para vender sus productos hasta agotar mercancía.

Mientras los vacacionistas disfrutan del sol, el sonido de las olas del mar y la brisa que despeina sus cabellos, el vendedor atiende a los clientes que le solicitan "un pincho caliente, por favor".
El comerciante insertaba las salchichas en el pincho y luego las colocaba sobre la parrilla, donde el fuego las transforma lentamente, mientras el humo dibujaba su rutina diaria.
Permanece allí hasta venderlo todo, resistiendo el sol, el calor y la espera de clientes. Cada venta representa un paso más hacia la meta que persigue con determinación.
A pesar de que prefirió no revelar su identidad, comentó a la reportera de El Día que no posee hijos, pero su negocio es lo que sostiene sus sueños, haciendo que cada esfuerzo valga la pena.
Tras largas horas de ventas, repitiendo el mismo paso una y otra vez, el joven pone su esperanza en el asador que día tras día le permite solventar su porvenir.
A su alrededor, la playa mantiene su ritmo tranquilo, con visitantes que disfrutan del día. Pero bajo la sombrilla, entre brasas y silencios, se cocina una historia de lucha que no se detiene.

No hay comentarios:
Publicar un comentario