Su trayectoria atraviesa dictadura, transición y democracia: un periodismo marcado por la vocación, el riesgo y compromiso permanente con el país.

Ubi Rivas. HOY/Chaimy Alexandra Soriano
Allí aprendió a mirar, a escuchar y a entender la vida pública desde la cercanía.
Desde muy joven supo que su destino estaría ligado a la palabra. No fue una decisión improvisada, sino una vocación que encontró inspiración en figuras cercanas.
Al evocar ese momento, expresa: “Le dije a mis padres que cuando yo fuera grande, yo quería ser como Radhamés Gómez Pepín”, recuerda, señalando la influencia que despertó su interés por el periodismo.
Su entrada al oficio ocurrió en 1957, en el periódico La Información. Publicó su primer artículo sin recibir pago, movido por la convicción más que por cualquier expectativa económica.
Ese inicio, lejos de desmotivarlo, reafirmó su propósito. “Ser periodista en esa época significaba… un deseo de servirle al país”, afirma, y describe un ejercicio profundamente vinculado al compromiso, “una vocación, un deseo de servirle al país, una forma de expresar lo que uno sentía y quería decir, lo que era el país y como uno entendía que el país podía evolucionar en los diferentes aspectos, o sea, en el aspecto democrático, en el aspecto económico, en el aspecto social, en el aspecto del entorno, en el entorno del medioambiente”.
Pero ejercer el periodismo en ese contexto implicaba riesgos reales. Durante la dictadura, la información estaba sujeta a un control estricto. No se trataba solo de escribir bien. “No le corregían las faltas gramaticales, sino la interpretación de la noticia”, explica, evidenciando el nivel de vigilancia sobre el contenido.
Cubrir fuentes oficiales exigía cautela extrema. Cada palabra debía medirse, cada pregunta pensarse. “Eso podía costar la vida a cualquier periodista”, sostiene, al describir el clima de tensión que rodeaba el ejercicio del oficio. La práctica periodística, en ese momento, se movía entre la vocación y el riesgo.

Ha tenido cercanía con políticos relevantes, pero nunca utilizó esas relaciones para beneficio personal.

Don Mario Álvarez Dugan (Cuchito), Ubi Rivas y Radhamés Gómez Pepín, en la dirección de HOY.
Cubrir fuentes oficiales exigía cautela extrema. Cada palabra debía medirse, cada pregunta pensarse. “Eso podía costar la vida a cualquier periodista”, sostiene, al describir el clima de tensión que rodeaba el ejercicio del oficio. La práctica periodística, en ese momento, se movía entre la vocación y el riesgo.
Cronista deportivo y político
El ajusticiamiento de Trujillo en 1961 marcó un punto de quiebre. A partir de ese momento, comenzó a escribir de política y a involucrarse más directamente en el debate público. La apertura permitió ampliar los temas y las voces. “Ya había libertad de expresión… no había presión”, afirma, señalando el contraste entre la censura y la nueva etapa.
Sin embargo, la transición no eliminó las dificultades. Los años posteriores también estuvieron marcados por tensiones políticas y momentos de incertidumbre. Durante los llamados doce años del presidente Joaquín Balaguer, el ejercicio del periodismo continuó implicando riesgos. Aun así, se mantuvo activo, defendiendo su derecho a opinar.
Su práctica estuvo guiada por principios firmes y definidos. Más allá de las circunstancias, su compromiso fue siempre con el país. “Siempre tratar de aportarle al país lo que yo creo que más le conviene”, dice, como síntesis de su ética profesional. Esa postura le permitió sostener una línea coherente con el devenir del tiempo..
A lo largo de su carrera tuvo cercanía con figuras políticas influyentes, pero nunca utilizó esas relaciones para beneficio personal. Su decisión fue mantener independencia. En un entorno donde muchos optaron por aprovechar vínculos de poder, él eligió la coherencia. “Guzmán Fernández fue el padrino de mi única hija, el único compadre que he tenido y René Klang, mi única comadre”.
Don Ubi fue director de La Campiña de la revista ¡Ahora!
Se define como una persona discreta, de bajo perfil, enfocada en el trabajo constante. No busca reconocimiento ni protagonismo. Prefiere cumplir con su deber sin aspirar a recompensas. “Nunca esperar contrapartida de dividendos personales”, resume, como norma de vida.
Su historia está profundamente ligada a la del país. Vivió la dictadura y la transición democrática. Fue testigo de los cambios en la sociedad, en la economía y en el ejercicio del periodismo. Desde esa experiencia, observa con la evolución del oficio.
Para él, el periodismo de su generación estaba marcado por la vocación. No se ejercía como una simple salida laboral, sino como una responsabilidad social. “Era una forma de expresar lo que uno sentía y quería decir”, explica, resaltando el compromiso que definía a su época.
Hoy reconoce que el contexto es distinto. Existe mayor libertad y más espacios para la expresión. Sin embargo, entiende que el desafío esencial permanece: ejercer con honestidad, responsabilidad y sentido de servicio.
A lo largo de su trayectoria ha abordado temas diversos, desde la política hasta el medio ambiente, siempre con una mirada crítica. Esa constancia le ha permitido construir una carrera sólida, sostenida en el tiempo.
Más que un cronista, es un testigo de su época. Su vida refleja las tensiones, los riesgos y las conquistas de un oficio que ha evolucionado junto con el país. Su legado no se limita a lo que ha escrito, sino a la manera en que ha asumido el periodismo: como servicio, como conciencia y como responsabilidad.

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