- Perros deambulan en grupos por calles, parques y avenidas. Gatos sobreviven entre escombros, solares vacíos y zonas comerciales. Camadas enteras nacen en condiciones precarias, sin garantías de sobrevivir. Otros, simplemente desaparecen.

La sobrepoblación de animales callejeros es un problema social, sanitario y ético.
La escena es cotidiana, visible, imposible de ignorar… y aun así, normalizada.
Perros deambulan en grupos por calles, parques y avenidas. Gatos sobreviven entre escombros, solares vacíos y zonas comerciales. Camadas enteras nacen en condiciones precarias, sin garantías de sobrevivir. Otros, simplemente desaparecen.
La sobrepoblación de animales callejeros en la República Dominicana ya no es un problema aislado ni invisible. Está a los ojos de todos. Está en cada semáforo, en cada comunidad, en cada espacio público, habitan alrededor de nosotros siendo ignorados, principalmente por quienes están llamados a atenderlos.
Y, sin embargo, sigue sin enfrentarse con la seriedad estructural que requiere.

Dr. Luis Tull Datt.
Aunque el país no cuenta con un censo oficial actualizado, organizaciones de protección animal estiman que millones de perros y gatos viven en condición de calle. La reproducción sin control es el principal motor de esta crisis, que afecta a los animales, pero sobre todo, genera una imagen de un país muy atrasado.
Una hembra sin esterilizar puede tener hasta dos camadas al año. Cada camada puede ser de entre 4 y 8 crías. En menos de tres años, una sola línea reproductiva puede multiplicarse exponencialmente.
El resultado es evidente: más animales en abandono, mayor propagación de enfermedades, aumento de atropellamientos, más casos de maltrato, mayor presión sobre rescatistas y refugios que viven saturados, pero sobre todo, una realidad que se vuelve cada vez más difícil de revertir.
La raíz del problema: la falta de esterilización
No hay ambigüedad en el diagnóstico: la sobrepoblación existe porque no se esteriliza de manera masiva y sostenida.

Dr. Luis Tull Datt
La esterilización es la herramienta más efectiva para controlar la población animal. No solo evita la reproducción descontrolada, sino que también mejora significativamente la calidad de vida de los animales: reduce enfermedades reproductivas, disminuye la agresividad asociada al celo, evita el abandono de camadas no deseadas, reduce la presencia de animales en las calles a mediano plazo.
“La esterilización en perros para el control de natalidad y disminuir el número tan amplio de perros callejeros es la solución más efectiva y prácticamente la única que se tiene a mano, porque las personas no asumen la responsabilidad de la tenencia de la mascota”, explica el doctor Luis Tull Datt.
El especialista advierte que, incluso, estudios de la Organización Panamericana de la Salud señalan que “de cada 10 perros, 9 tienen dueño, aunque estén en la calle”, lo que evidencia una cultura de abandono normalizada.
“Independientemente de los riesgos de las castraciones masivas, es la herramienta más eficiente en el control de la población excesiva de perros que deambulan en la calle. Debe hacerse de manera sistemática… es un problema de salud pública”, agrega.
La evidencia internacional es contundente: los países y ciudades que han logrado controlar o eliminar la población de animales callejeros lo han hecho a través de programas masivos de esterilización, identificación y adopción. No existe otra solución real.

Mara Brasola
Referentes internacionales: cuando sí se puede
El caso más emblemático es el de Países Bajos, considerado el primer país sin perros callejeros, logro alcanzado alrededor de 2016. Su estrategia se basó en campañas masivas de esterilización gratuita financiadas por el Estado, vacunación, identificación obligatoria y un modelo estructurado de control poblacional conocido como CNVR (Capturar, Esterilizar, Vacunar, Retornar).
Este modelo fue reforzado con leyes estrictas contra el abandono y una fuerte educación ciudadana en bienestar animal.
Otros países han avanzado en la misma dirección; Costa Rica ha logrado reducir significativamente la población en zonas como Montes de Oca, alcanzando hasta un 81% de esterilización en hogares; Perú impulsa la “Ley 4 Patas”, que promueve la esterilización gratuita como política pública, y Turquía aplica desde 2004 una ley de protección animal enfocada en la esterilización y convivencia con animales comunitarios.
Las claves del éxito son claras: financiamiento público, esterilización masiva, implementación del modelo CNVR, promoción de la adopción y sanciones severas contra el abandono.
Una ley vigente, pero insuficiente en la práctica
Desde 2012, el país cuenta con la Ley 248-12 de Protección Animal y Tenencia Responsable, que establece principios claros sobre el bienestar animal y la responsabilidad del Estado y los ciudadanos.
Sin embargo, más de una década después, la implementación efectiva de esta ley sigue siendo limitada. El problema no es la falta de marco legal. Es la falta de ejecución. Y en política pública, no ejecutar es equivalente a no existir.
El rol de las autoridades: presencia sin impacto estructural.
Existen múltiples entidades del Estado dominicano que desarrollan operativos sociales en zonas vulnerables del país. Entre ellas, la Dirección de Proyectos Estratégicos y Especiales de la Presidencia, que despliega jornadas comunitarias en distintos territorios impactando a miles de familias cada mes.

Dr. Juan Bisso.
A esta labor se suman la Comisión Presidencial de Apoyo al Desarrollo Barrial, la Dirección de Asistencia Social y Alimentación Comunitaria, la Dirección General de Desarrollo de la Comunidad, el Gabinete de Política Social de la Presidencia y el programa Supérate, entre otras iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida de la población.
Sin embargo, en estos esfuerzos, los animales siguen ausentes. No forman parte de las políticas de salud comunitaria. No son incluidos en los operativos sociales. No reciben atención preventiva ni control poblacional. Y esto ocurre a pesar de que el bienestar animal está directamente vinculado a la salud pública.
“El incremento de perros en condición de calle representa un desafío importante tanto para el bienestar animal como para la salud pública… aumenta el riesgo de zoonosis, traumatismos y enfermedades infecciosas”, advierte el doctor Juan Bisso.
El especialista hace un llamado directo: “Se requiere un plan integral basado en esterilización masiva, vacunación sistemática, educación comunitaria y manejo responsable”.
La ausencia de voluntad política
El interés institucional en el tema existe. Las declaraciones públicas, también. Pero la voluntad política se mide en acciones concretas: asignación de presupuesto, diseño de programas y ejecución sostenida.
Y ahí es donde el sistema falla. No existe actualmente un programa nacional de esterilización masiva financiado por el Estado. No hay una estrategia focalizada en zonas críticas donde existen manadas de animales callejeros. No se han establecido metas ni indicadores de reducción poblacional. En términos prácticos, la crisis sigue avanzando sin contención.
La responsabilidad principal en materia de bienestar animal y control poblacional recae, de manera directa, sobre el Ministerio de Salud Pública y los gobiernos locales, representados por las distintas alcaldías del país, llamadas a ejecutar políticas preventivas en sus territorios.
Sin embargo, la realidad evidencia una brecha significativa entre la responsabilidad y la acción. De las más de 200 alcaldías existentes, únicamente la Alcaldía del Distrito Nacional ha desarrollado jornadas periódicas de esterilización como parte de sus iniciativas de bienestar animal.
No obstante, estas intervenciones están dirigidas principalmente a animales con propietarios, familias que pueden presentar documentación, dejando fuera, en gran medida, a la población de animales callejeros, que es precisamente la que requiere atención urgente para lograr un control efectivo de la sobrepoblación.
En múltiples comunidades del país existen zonas claramente identificadas donde se concentran grandes cantidades de animales callejeros: mercados, vertederos improvisados, parques públicos, zonas turísticas, áreas deportivas, instituciones públicas, comunidades con alta vulnerabilidad social.
Estos espacios podrían ser intervenidos estratégicamente mediante jornadas comunitarias de esterilización, vacunación e identificación. Sin embargo, esa intervención no ocurre de manera sistemática.
“Es la única forma de tener controlada una población de animales callejeros”, afirma la rescatista Mara Brasola, quien desde 2013 coordina jornadas de esterilización en comunidades vulnerables.
Su testimonio es contundente: “Antes hacíamos 50 o 60 animales al año. Ahora hacemos hasta 1,000 gracias a veterinarios internacionales que vienen a apoyar. Menos perros en la calle significa menos accidentes, menos sufrimiento, menos muertes”.
Brasola describe una realidad cruda: animales heridos que desarrollan infecciones graves, infestaciones de gusanos y mueren sin atención. Una escena que podría evitarse con prevención.
“La esterilización de perros y gatos es una de las estrategias más importantes en el bienestar animal y la salud pública a nivel mundial”, sostiene la doctora Lourdes Ripley, reconocida por haber impulsado más de 25 mil esterilizaciones junto a brigadas internacionales.
Ripley destaca que programas promovidos por organizaciones como Humane World for Animals han demostrado que la esterilización reduce el abandono, mejora la salud animal y disminuye la saturación de refugios.
Además, modelos como el TNR (capturar, esterilizar y retornar), impulsados por Alley Cat Allies, han logrado estabilizar colonias de gatos sin recurrir a prácticas crueles.
La esterilización por sí sola no resuelve completamente el problema. Debe ir acompañada de un sistema de reubicación responsable y promoción de adopciones.
Esto implica: identificar animales esterilizados, integrarlos a programas de adopción, generar campañas educativas sobre tenencia responsable, involucrar a comunidades y sector privado.
En una sociedad cada vez más consciente, la adopción ha ganado terreno. Más personas están dispuestas a abrir sus hogares a animales rescatados. Pero ese interés necesita estructura, apoyo y articulación.
Ante la ausencia de políticas públicas robustas, los rescatistas independientes han asumido una carga que debería ser compartida con el Estado. Son ellos quienes recogen animales heridos o abandonados, cubren gastos veterinarios, alimentan colonias completas, promueven adopciones, denuncian casos de maltrato.
Todo esto, en la mayoría de los casos, con recursos propios o donaciones limitadas. El sistema actual depende de su sacrificio, pero ese modelo no es sostenible.
A diferencia del pasado, hoy la sobrepoblación de animales callejeros ya no pasa desapercibida.
La ciudadanía: denuncia más, comparte más, sobre todo a través de redes sociales, se involucra más, apoya más. Existe una conciencia creciente sobre el bienestar animal y su relación con la calidad de vida en las comunidades. Pero también crece la frustración. Porque mientras la sociedad avanza en sensibilidad, las respuestas estructurales siguen siendo insuficientes.
“La solución está clara: esterilizaciones masivas sostenidas en el tiempo. Desde la Federación Dominicana por los Derechos de los Animales (FEDDA) hemos propuesto al Estado la asignación de fondos del presupuesto nacional para ejecutar estas jornadas de manera permanente. No es opcional, es urgente”, afirma Lorenny Solano.
La solución no requiere inventar nuevos modelos. Requiere aplicar lo que ya se sabe que funciona: programas masivos de esterilización enfocados en zonas de alta concentración de animales callejeros, identificación y registro para dar seguimiento a los animales intervenidos, campañas de adopción que conecten a los animales rescatados con familias responsables, educación ciudadana sobre tenencia responsable y prevención del abandono, asignación de presupuesto que garantice continuidad y alcance nacional.
La sobrepoblación de animales callejeros no es un misterio, es un problema diagnosticado, estudiado y con soluciones claras. Lo que falta no es conocimiento, es decisión.
La República Dominicana está en un momento clave: tiene una sociedad más consciente, tiene organizaciones comprometidas, tiene experiencia acumulada, tiene ejemplos internacionales exitosos. Lo que falta es el paso más importante: convertir la intención en acción.
Porque cada día sin esterilización masiva es un día en el que nacen más animales destinados a la calle. Y cada año sin intervención estructural acerca al país a un punto donde la crisis será aún más difícil, y más costosa de resolver.
La sobrepoblación de animales callejeros no es solo un problema animal. Es un problema social, sanitario y ético. Está a la vista de todos, está en cada calle, está en cada comunidad. Y su solución también está clara: esterilizar, reubicar y promover la adopción.
La pregunta ya no es qué hacer, la pregunta es ¿cuándo se va a empezar?

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