
Sigamos con los temores. Maduro no era rival. Y seguro que la inteligencia de Estados Unidos había evaluado que incluso podía sufrir una revuelta interna de sus tropas. Las armas rusas que tenía no daban para una defensa seria. Ahora tampoco serán un peligro Rusia y China, teóricos aliados de Venezuela. No pasarán de las críticas subidas de tono. Pero les pilla demasiado lejos para que se impliquen en algo más serio. Tampoco está amenazada la base electoral de Trump en su país. Al revés. Les encanta el olor a napalm por las mañanas. Habrá que esperar para ver cómo caen las siguientes piezas del dominó pero pinta mal, muy mal, para los fieles a Maduro, si es que los hay, y bien, muy bien, para un pueblo que lo lleva sufriendo años. Hay aplausos entre los miles y miles de exiliados. El Gobierno español vuelve a estar en una situación incómoda. Es fácil condenar el uso de las armas, pero se complica cuando se utilizan contra el tirano de un narco estado. A ver qué hace Sánchez. O Yolanda. O Podemos. O, sobre todo, Zapatero. Su legendaria baraka (suerte) se está derrumbando. Del lío de Plus Ultra a lo que puede llegar a saberse con Maduro caído de todo lo que ha hecho en Venezuela.
Otros afectados del ataque son Ucrania, Gaza y Taiwán. Putin podrá decir que Trump le imita y Zelenski se verá en la peor situación. Europa no pintará nada para salvarlo. De Gaza nadie se preocupará más allá de los buenos sentimientos. Y la isla de Taiwán verá más cerca que nunca al ejército chino. Ya saben, una mariposa mueve sus alas en el Caribe y puede provocar un terremoto en el mar de China. Los líderes de Cuba y de Nicaragua pueden empezar a tomar nota como a Donald le salga redonda su operación expansionista golfo de América. Poderoso caballero es don Petróleo.

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