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sábado, 18 de julio de 2026

Sánchez mete a España en el plan militar para "golpear" hasta a 2.000 kilómetros.

Por Más Noticias y un poco Más
Madrid. 
 
Doce aliados OTAN comprometen 44.000 millones para armas de precisión de largo alcance frente al repliegue militar de EE UU

Sistema antidrones ForceField C-UAS
 Sistema antidrones ForceField C-UAS Axon Vision

España y otros once aliados de la OTAN invertirán 50.660 millones de dólares (unos 44.000 millones de euros) en los próximos diez años para dotarse de misiles, drones y munición de precisión capaces de batir objetivos a más de 300 kilómetros de distancia y, en algunos casos, a más de 2.000. Así figura en la declaración conjunta que firmaron sus líderes el 8 de julio al calor de la cumbre de Ankara.

El documento, difundido por Downing Street, no esconde el porqué. Los doce reconocen la necesidad de aumentar su capacidad de «ataque profundo de precisión» (Deep Precision Strike, DPS), entre otros motivos, «en respuesta a los recientes ajustes de las fuerzas de EE UU». Negro sobre blanco: Europa se arma para golpear lejos porque Washington se repliega. El texto lo asume al constatar que «Europa está tomando una mayor responsabilidad en nuestra seguridad transatlántica compartida» y recuerda que estas armas «forman parte integral de los planes de defensa de la OTAN». Junto a España, firman el Reino Unido, que lidera la iniciativa, Francia, Alemania, Turquía, Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Países Bajos y Rumanía. Casi todos los grandes de la defensa, con dos ausencias de peso, Polonia e Italia.

El ataque profundo persigue desarbolar la retaguardia enemiga sin poner un solo soldado sobre el terreno, desde puestos de mando y aeródromos hasta baterías antiaéreas, depósitos y líneas de suministro a cientos de kilómetros del frente. Los firmantes lo vinculan sin rodeos a la disuasión: «Reconocemos la necesidad de demostrar fuerza con capacidades creíbles como el DPS, que se centra en defender y en negar al adversario la ventaja militar».

El texto no ata a nadie a una compra concreta ni desglosa cuánto pondrá cada país. Compromete a invertir «de manera proactiva», a agilizar compras y entregas, también mediante programas multinacionales, y a reforzar una base industrial europea menos dependiente de proveedores de fuera.

Todas las miradas apuntan al modelo de Ucrania. Desde 2022, Kiev combina el armamento cedido por sus socios, con EE UU, Alemania, Francia y Reino Unido a la cabeza, con una apuesta propia por misiles, drones de gran radio de acción y guerra electrónica que le permite golpear arsenales, aeródromos y otras instalaciones clave dentro del territorio ruso. El misil de diseño propio FP-5 Flamingo se ha convertido en el emblema de esa estrategia, con la que Ucrania equilibra su desventaja en armamento convencional.

La firma española tiene su miga política. Pedro Sánchez volvió a plantarse en Ankara ante Trump y el secretario general aliado, Mark Rutte, frente a la exigencia de elevar el gasto militar al 5% del PIB en 2035. El Gobierno sostiene que con un 2,1% ya cumple los objetivos de capacidades que le asigna la OTAN y esgrime que solo dos aliados despliegan más tropas que España en el flanco este y solo uno la supera en presencia naval. Ese pulso no le ha impedido suscribir el mayor compromiso inversor anunciado en la cumbre.

Los números acompañan. La semana de la firma, el Gobierno movió 6.287 millones a las arcas de Defensa para pagar la subida salarial de los militares y costear programas de armamento. España dedica ya a comprar equipo el 44% de su presupuesto militar, el doble de lo que pide la Alianza, y su gasto en defensa ha crecido un 117% en la última década, según datos de la OTAN. El DPS no fue la única coalición con firma española en Ankara: el Gobierno se apuntó a la coalición del transporte aéreo estratégico en torno al A400M, a la compra conjunta de aviones de alerta temprana y al plan aliado de vigilancia espacial persistente. En el plano militar, el ataque profundo empieza a colarse en la planificación española.

Entre los 15 nuevos programas especiales de modernización previstos para este año, dotados con unos 1.400 millones, figura en principio la compra de la versión más moderna del misil Taurus, y el jefe del Estado Mayor de la Defensa trató precisamente estas capacidades en un reciente encuentro con su homólogo polaco.

La industria nacional se frota las manos. «La cumbre de la OTAN ha activado al sector», resumió el presidente de Aicox, Carlos F. Laborda, en una jornada de «Infodefensa» en la que el consejero delegado de Acorde planteó la incógnita que marcará el reparto: si lo que se compre será tecnología «de un lado del Atlántico o de otro». Algunas empresas han tomado posiciones. Indra desarrolla junto a la emiratí Edge drones de ataque con más de 300 kilómetros de alcance y Destinus, compañía de raíz española, prepara con la alemana Rheinmetall una versión de su misil Ruta, probado en Ucrania, capaz de llegar a los 2.000 kilómetros.

El calendario no da tregua. Alemania y Reino Unido desarrollan ya por su cuenta un misil furtivo, de velocidad hipersónica y 2.000 kilómetros de alcance, que quieren tener operativo en la década de 2030.


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