La muerte de Calvo Sotelo: el crimen que marcó el inicio de la Guerra Civil española. - .

📰 Las Principales 📰 👈

Home Top Ad

Responsive Ads Here

Post Top Ad

Responsive Ads Here

sábado, 18 de julio de 2026

La muerte de Calvo Sotelo: el crimen que marcó el inicio de la Guerra Civil española.

Por Más Noticias y un poco Más
Madrid.-

En menos de nueve horas, la Policía había desentrañado el crimen e identificado al jefe del comando asesino. Pero los socialistas prefirieron la guerra.

Camioneta de Guardias de Asalto donde se realizo el asesinato de Calvo Sotelo
 Camioneta de Guardias de Asalto donde se realizo el asesinato de Calvo Sotelo Tiempo

En la tragedia del jefe de la oposición monárquica José Calvo Sotelo, sacado de madrugada de su casa por un comando policiaco socialista y asesinado de dos tiros en la nuca a bordo de la camioneta de la Guardia de Asalto número 17, en la que le trasladaban, supuestamente, detenido a la Puerta del Sol, figura un actor secundario, el jefe de la Brigada de Investigación Criminal de Madrid, Antonio Lino Pérez González, que de haber podido desempeñar un papel mejor aquel 13 de julio de 1936, tal vez, hubiera impedido la catástrofe que se avecinaba. Porque el comisario Lino, veterano policía, había resuelto el crimen en menos de nueve horas, desde el anuncio de la detención en su domicilio y desaparición de líder moral de la derecha española.

No sólo había identificado al jefe del comando, el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, en expectativa de destino e instructor de las milicias socialistas, sino que tenía en su poder las pruebas de una conspiración que libraba de responsabilidad directa al Gobierno de la Nación, presidido por Santiago Casares Quiroga. Pero Lino se encontró con la negativa de sus superiores a hacer pública la investigación, recibió veladas amenazas de muerte y comprendió que, en aquellos fatídicos días, las fuerzas de Seguridad de la República habían dejado de obedecer al Ejecutivo para hacerlo a las fuerzas de la mayoría social-comunista parlamentaria.


Papel desairado del masón Casares Quiroga, incapaz de imponer su autoridad a unos socios parlamentarios, los socialistas, que conocían de primera mano las circunstancias del crimen, habían amparado a sus autores, escondiéndoles en domicilios seguros, como el de la diputada Margarita Nelken, sabían de sobra que era el casus belli que necesitaba la sublevación militar para desencadenar el golpe y, aun así, prefirieron la guerra porque estaban convencidos de que no sólo la iban a ganar, sino de que sería el crisol de la Revolución marxista. De hecho, el 14 de julio, Casares Quiroga se reunió con una representación de sus socios parlamentarios integrada por Indalecio Prieto, Simeón Vidarte, Santiago Carrillo y Edmundo Domínguez, además de algunos oficiales de la Guardia de Asalto. El jefe de Gobierno anuncia su intención de llevar la investigación del asesinato hasta sus últimas consecuencias, «caiga quien caiga». No sabe que, frente a él, tiene a dos tipos, Vidarte y Prieto, que habían recibido la confesión de la fechoría por parte de dos de sus autores, Condés y el pistolero Luis Cuenca, este último, el que descerrajó los dos tiros en la nuca de la víctima, y que no sólo callaban como puertas, sino que habían ofrecido protección a los asesinos.

En un momento dado, Casares anuncia que pretende detener a todos los oficiales del cuartel de Pontejos, que es el recinto del que partió la expedición asesina.

–¿Usted piensa hacer eso? –le preguntó Prieto–.

–Pues sí, pues es un crimen que no se puede ocultar.

–Si usted comete esta tontería, le aseguro que la minoría socialista se marchará del Congreso.

–Muy bien, muy bien. Pero el oficial de Asalto que aparezca con la más mínima responsabilidad, ese es detenido.

Por supuesto, Prieto se salió con la suya y no se detuvo a nadie. El comisario Lino lo intentó con el capitán Condés. Fue a pedir ayuda a la Guardia Civil, pero el comandante Naranjo, ayudante del general Pozas, que era el director general de la Benemérita, se desentendió, afirmando que «no quería meterse en líos». Cuando llegó a la casa del asesino, éste había salido, dejando recado a la portera de que no pensaba volver...

Una escena al detalle

En sus memorias, el dirigente comunista Manuel Tagüeña Lacorte cuenta con detalle cómo se gestó y ejecutó el crimen de Calvo Sotelo, aunque él no participó directamente. La tarde-noche del domingo 12 de julio, unos pistoleros a los que no se ha podido identificar asesinaron al teniente Del Castillo cuando iba a tomar el servicio en Pontejos. Castillo era, a ojos de la derecha, como el Billy el Niño del franquismo, al que responsabilizaban de todas las violencias policiales contra falangistas, tradicionalistas y activistas de la CEDA. Pero Castillo era, además, instructor de las milicias socialistas y uno de los contados oficiales del Ejército, junto con Condés, que cumplieron su palabra y se unieron a la revolución de Octubre del 34. Amnistiado, ingresó en la Guardia de Asalto.

Tagüeña cuenta cómo en la Dirección General de Seguridad paisanos de las milicias comunistas y socialistas, junto con oficiales de las fuerzas de Seguridad, revisaban los archivos en busca de sospechosos de pertenecer a Falange para ejercer represalias. Y cómo salieron dos expediciones mixtas, con milicianos y guardias de Asalto, con el propósito de asesinar a Calvo Sotelo y a Lerroux. Este último, no estaba en casa. Pero a Calvo Sotelo nadie le avisó de la muerte de Castillo y del riesgo de las represalias. Era domingo y su contacto en el «ABC» no trabajaba. Entonces no salían los periódicos los lunes.


Fuente: ☕ larazón.es 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Post Bottom Ad

Responsive Ads Here