
Durante mucho tiempo, la figura paterna estuvo asociada principalmente al rol de proveedor. Se esperaba que el hombre trabajara, llevara sustento al hogar y garantizara la estabilidad económica de su familia. Para muchas generaciones, ser un buen padre significaba precisamente eso: cumplir con las responsabilidades materiales y asegurar que nada faltara en casa.
Así lo afirma la psicóloga clínica Gaudys Arias Medina, quien analiza que, sin embargo, la sociedad ha cambiado, las familias han evolucionado y hoy entendemos que la paternidad va mucho más allá de cubrir necesidades económicas. La profesional del Centro Vida y Familia Ana Simó explica que un padre no sólo alimenta, viste o educa; también influye profundamente en el desarrollo emocional, psicológico y social de sus hijos. “A pesar de ello, muchos hombres continúan siendo valorados principalmente por lo que aportan económicamente y no necesariamente por su presencia emocional. En consulta es frecuente encontrar padres que sienten que sus esfuerzos pasan desapercibidos.
Hombres que trabajan largas jornadas, que enfrentan preocupaciones financieras, que intentan responder a múltiples responsabilidades y que, aun así, sienten que pocas veces se reconoce lo que hacen o lo que sacrifican por su familia”, agrega.
Arias Medina afirma que existe una realidad que pocas veces se menciona y se trata de que muchos hombres crecieron en entornos donde expresar emociones era visto como una señal de debilidad. Aprendieron a ser fuertes, a resolver problemas y a soportar dificultades en silencio. Aprendieron a cuidar de otros, pero no necesariamente a hablar de lo que sienten. Como consecuencia, algunos padres llevan años cargando preocupaciones, miedos, frustraciones o sentimientos de insuficiencia sin encontrar espacios seguros donde puedan expresarlos.

“Cuando existe una relación cercana y afectiva, los niños desarrollan mayor seguridad emocional, mejor autoestima, mejores habilidades para relacionarse con los demás y una mayor capacidad para afrontar las dificultades de la vida. No se trata de ser un padre perfecto, sino de estar presente, disponible y emocionalmente conectado”, explica.

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