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Barcelona.
En el último y esperadísimo trabajo de Nolan se percibe un amor por la deriva fantástica a la antigua usanza, convirtiendo el tortuoso, largo y epopéyico regreso al hogar de Odiseo en un variado aquelarre de criaturas y conjuros.
Matt Damon protagoniza "La Odisea" Imdb
Dirección y guion: Christopher Nolan, según el poema épico de Homero. Intérpretes: Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland, Robert Pattinson. Música: Ludwig Göransson. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Reino Unido, 2026. Duración: 180 minutos. Aventuras.
Inevitable acordarse de las palabras del director que Jean-Luc Godard imaginó para adaptar “La odisea” en su memorable “El desprecio”. Con su característico acento alemán, Fritz Lang venía a decirnos que el relato homérico hablaba de la nostalgia, del deseo de volver a aquello que, probablemente, ha desaparecido. Entonces, más allá de la historia de una ruptura sentimental (allí Odiseo estaba predestinado a separarse de su Penélope), “El desprecio” también explicaba la historia de un imposible regreso a casa: no se podía volver al cine clásico, porque para el cine moderno ya no había caminos de vuelta. Christopher Nolan hace oídos sordos a Godard, porque está convencido de que recuerda ese sendero que nunca se bifurcó, o lo que es lo mismo, de que él cree en los clásicos, a pesar de que en sus películas el tiempo siga hablando con los fantasmas de la memoria (aquí la guerra de Troya como escena traumática recurrente).
Nolan, como Odiseo, quiere volver al hogar. No es tan sencillo, porque, por encima de todo, es un autor, y, por lo tanto, está imbuido del espíritu de la modernidad. Puede que el casting intergaláctico de “La odisea” defina un cine de otra época, una de esas catástrofes naturales en forma de superproducciones analógicas donde los extras construían pirámides de cartón piedra. Sin embargo, el “Ulises” de Mario Camerini, tan deudor de los ‘peplums’ mitológicos del cine italiano de los sesenta, le queda muy lejos. Esa clase de películas eran capaces de lograr algo que Nolan, tan propenso a la solidez elefantiásica, ni siquiera puede soñar: la ‘joie de vivre’ de filmar lo maravilloso, una cierta ligereza en el ánimo de las imágenes. Nada de ello está en el filme, anegado de tonos grises y ocres, acaso el auto sacramental de un héroe que aún confía en que su hogar permanecerá intacto, el Ítaca del cine clásico entendido como el Xanadú de la eterna juventud.
Porque Odiseo parece un compendio del héroe atormentado nolaniano. Es el héroe amnésico de “Memento”, obcecado en reconstruir su identidad a base de recuerdos rotos; el visionario que, como “Oppenheimer”, se atreve a desafiar a los dioses para precipitar el fin de una civilización; Batman, el justiciero enmascarado que sabe mover los hilos secretos de la noche para restablecer el orden en el caos. Matt Damon lo interpreta con la autoridad tensa pero segura, contenida, que tanto le gustan a Nolan. Nada parece escapar de su control, como le ocurre a su director, y a veces la película se resiente de ello, entonces es quizás demasiado rígida, incluso en sus lógicos anacronismos.
Lo más disfrutable de “La odisea” son las sucesivas aventuras de Odiseo para volver a casa. Sentimos especial predilección por el encuentro con el cíclope Polifemo y la escena de la bruja Circe, con una inspirada Samantha Morton castigando la gula de la tripulación de Odiseo. Huelga decir que el aliento trágico sigue presente en esas secuencias (por ejemplo, en el episodio de las sirenas), pero también se percibe un amor por la deriva fantástica a la antigua usanza, con toda su ‘grandeur’ épica y sus profecías nihilistas, que es de agradecer, convirtiendo el tortuoso, largo y epopéyico regreso al hogar de Odiseo en un variado aquelarre de criaturas y conjuros.
Sin embargo, la lucha con los pretendientes de Penélope (Anne Hathaway) se nos destensa, como un instrumento que empieza a desafinar, agotado. Tal vez a esas alturas los defectos del cine de Nolan -el amor desmedido por los montajes paralelos, el exceso de música, la solemnidad y el engolamiento- empiezan, por acumulación, a pesar demasiado. Tal vez al volver a casa, al buscar aquel cine clásico tan soñado, solo encuentra un espejismo.
Lo mejor:
La aventura en tierras de Polifemo y en la isla de Circe.
Lo peor:
El episodio del reencuentro con Penélope y la masacre de los pretendientes.
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