La intensa tormenta del miércoles provocó arrastres de agua, lodo, cenizas y árboles, que provocaron importantes daños en Vilamartín de Valdeorras y en Viana do Bolo.
El Farelos se desbordó y abrió dos nuevos cauces. Uno cruzó la N-120 y otro bajó paralelo a esa carretera, por una vía de servicio que se convirtió en un río. El agua bajaba con fuerza y colapsó el paso bajo la nacional y también unos metros más adelante, bajo la vía del tren, que quedaron totalmente inundados. Ayer a media mañana, los bomberos de Valdeorras y el GES de O Barco seguían achicando agua.

Cerca del río, Manuel López continuaba sacando de su casa enseres inservibles. La familia, con ayuda de los vecinos, se dedicó hasta las cuatro de la madrugada a sacar el metro de agua y barro que se colaron en el bajo de la vivienda, llevándose por delante muebles, electrodomésticos, recuerdos, libros y hasta zapatos. No quedó nada. «Está todo para tirar», resumía el hombre. Explicó que todo ocurrió en apenas quince minutos: el agua entró por una puerta lateral de la finca y a través de las piedras del cierre para después continuar rampa abajo hasta el garaje, la bodega y la cocina.
«Cando fixeron o paso do río, deixaron un oco de tres metros por tres metros onde antes había dez... e claro, cando baixa moita auga o paso túpese, porque hoxe sacaron dous ou tres tráiler de madeira de tanta que veu, e xa se sabe que a auga sae por algún lado», resumía López. No solo sufrió daños en el interior, sino también en el exterior. Enfrente de la casa tenía una finca vallada que perdió parte del cierre.
La alcaldesa en funciones, Sherezade Núñez, explicaba que su objetivo era reabrir todos los accesos a los pueblos y dejarlos limpios. «En A Rodeleira había quen non podía saír da casa», contaba. Varias palas apoyaban las labores de desescombro.
Lluvias en Valdeorras el miércoles
En litros por metro cuadrado cada hora en la estación de Casaio (Carballeda de Valdeorras)
A unos 40 kilómetros de distancia, en A Bouza y Pradocabalos, en el concello de Viana do Bolo, la situación fue todavía peor. El alcalde, el socialista Germán García-Ávila, aludía a lo sucedido en Valencia para explicar la magnitud de la catástrofe: «Parecía a dana». Y decía que si el miércoles fue duro, el jueves lo está siendo todavía más al ver todos los daños: «Foi coma se viñera un tsunami, quedaron socavóns de 20 metros». A Bouza es ahora la zona cero de las inundaciones. «Estamos traballando para liberar estradas e camiños», contaba el regidor, que este jueves recibió a la conselleira de Planificación de Infraestructuras, María M. Allegue, y al subdelegado del Gobierno, Eladio Santos. Ambos anunciaron el apoyo de las administraciones que representan en forma de medios para avanzar en la reconstrucción. La Diputación envió máquinas a Viana y Vilamartín ya por la mañana. «O que queremos é ter todo libre por se volve chover», añadía García-Ávila. Para recuperar la normalidad hará falta mucho tiempo, advertía.

Coches, tractores, palleiras y caminos han desaparecido bajo toneladas de escombros, lodo y árboles. No hay que lamentar daños personales, pero por poco. El palentino José Ignacio de Celis, que está de vacaciones en A Bouza, iba en su vehículo cuando el agua lo arrastró. «Gracias a que quedó el coche atrapado con el árbol, que pude abrir la puerta y salir por encima del capó», contaba. «Eu estaba no garaxe e tiven que saír pola fiestra», apuntaba su cuñado, Benjamín Carballo.

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