Por Más Noticias y un poco MásLondres.-
El laborista Andy Burnham es el favorito para suceder al actual primer ministro.
Britain Politics Peter Macdiarmid/Pool The Times via AP Agencia AP
Keir Starmer, que apenas lleva dos años de mandato, llevaba días insistiendo en que lucharía «hasta el final» ante cualquier desafío a su liderazgo. Pero el panorama ha cambiado radicalmente en cuestión de horas y todo apunta a que el lunes el aún primer ministro anunciará un calendario para su salida con el objetivo de garantizar la transición ordenada que reclama su partido y evitar un nuevo movimiento sísmico en una política británica instalada en la inestabilidad desde el referéndum del Brexit, coincidiendo con su décimo aniversario. Si finalmente presenta su dimisión, su sucesor se convertirá en el séptimo primer ministro del Reino Unido en apenas una década.
La velocidad de los acontecimientos quedó reflejada en las declaraciones realizadas ayer a la BBC por el ministro de Empresas, Peter Kyle, quien aseguró que Starmer hará «lo que sea mejor para el interés del país» y que se encuentra reflexionando sobre los desafíos a los que se enfrenta y la nueva realidad política. Lo cierto es que la autoridad del premier lleva cuestionándose prácticamente desde el primer día en que cruzó la puerta del Número 10.
La holgada mayoría absoluta obtenida en las elecciones de 2024 respondió más al agotamiento del electorado tras catorce años de gobiernos conservadores que a un respaldo entusiasta hacia su figura.
Starmer prometió inaugurar una nueva etapa, pero su falta de carisma y los sucesivos volantazos en cuestiones clave fueron erosionando su liderazgo casi al mismo ritmo que crecía
el fenómeno populista de Nigel Farage al frente de Reform UK. El triunfo arrollador de esta formación en las elecciones locales y regionales del pasado mayo marcó un punto de inflexión.Sin embargo, el auténtico detonante ha sido el regreso de Andy Burnham a Westminster. El alcalde de Gran Manchester ganó el pasado viernes con contundencia las elecciones parciales de Makerfield y su victoria ha precipitado el terremoto político. Antiguo ministro en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, Burnham lleva años siendo considerado el principal aspirante a liderar el Partido Laborista. Ahora, con un escaño en la Cámara de los Comunes, muchos dan por hecho que su llegada a Downing Street solo es cuestión de días.
Entre los diputados laboristas se ha asentado una convicción cada vez más extendida: el problema no es el partido, sino quien lo dirige. Consideran que Starmer se ha convertido en un lastre electoral y que su impopularidad personal impide a la formación recuperar la iniciativa política.
La comparación con Burnham resulta especialmente dolorosa para el actual líder. Su victoria en Makerfield no solo fue incontestable, sino que demostró que existe una figura capaz de derrotar a Reform UK allí donde más fuerte se está mostrando. Para muchos parlamentarios laboristas, desesperados por encontrar una estrategia eficaz frente a Farage, Burnham representa la respuesta que llevaban tiempo buscando.
Decenas de diputados habían pedido ya la marcha de Starmer. Desde el jueves, esa lista no ha dejado de crecer y varios ministros de peso han trasladado también en privado su deseo de que abandone el cargo. El hecho de que figuras tan relevantes como la ministra de Exteriores, Yvette Cooper, la titular de Interior, Shabana Mahmood, o la responsable de Transportes, Heidi Alexander, hayan reclamado su salida y continúen en sus puestos ilustra hasta qué punto se ha desplomado la autoridad del primer ministro.
Si finalmente dimite, la siguiente incógnita será si llega a producirse una verdadera batalla por el liderazgo. Wes Streeting, exministro de Sanidad, siempre ha mantenido que presentará candidatura. Sin embargo, sus aliados empiezan a defender conversaciones discretas entre los posibles aspirantes para pactar una transición consensuada. Aunque su equipo insiste en que no ha cambiado de posición, cada vez son más las voces que consideran preferible evitar unas primarias que prolonguen la crisis y dañen aún más la imagen del partido.
Otros candidatos podrían intentar entrar en la carrera, pero dispondrían de muy poco margen para reunir el respaldo de los 81 diputados necesarios para acceder a la votación. La sensación predominante en Westminster es que el partido intentará cerrar filas rápidamente en torno a Burnham. La siguiente cuestión es el calendario. Dentro del grupo parlamentario laborista hay discrepancias sobre cómo debe desarrollarse una transición «ordenada» y, sobre todo, cuánto tiempo debería durar. Algunos miembros influyentes del entorno de Burnham defienden que asuma el liderazgo coincidiendo con la conferencia anual del partido, prevista para finales de septiembre. Consideran que ese plazo le permitiría preparar su equipo y llegar a Downing Street con una estrategia definida.
Otros partidarios de Burnham creen, sin embargo, que esperar tres meses sería un error. Temen que un largo periodo de interinidad paralice la acción de gobierno y alimente una especulación constante sobre las futuras decisiones del nuevo líder. “Su oportunidad para definir quién es políticamente quedaría eclipsada por una especulación interminable”, resumió un ministro.
Entre esas especulaciones destaca una especialmente relevante: quién ocuparía el Ministerio de Hacienda. Hasta hace pocos días, muchos diputados veían una pugna directa entre el actual ministro de Energía, Ed Miliband, y la titular de Interior, Shabana Mahmood. Sin embargo, ahora se espera que Mahmood permanezca en su puesto si Burnham llega a Downing Street.
La posibilidad de que Miliband asuma las riendas de la economía provoca una profunda inquietud entre el ala derecha laborista, que interpretaría su nombramiento como una señal inequívoca de giro hacia la izquierda. El debate sobre el futuro liderazgo apenas ha comenzado, pero ya anticipa las tensiones ideológicas que podrían marcar la próxima etapa del Partido Laborista.
Fuente: ☕ larazón.es
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