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martes, 30 de junio de 2026

¿Por qué suben las computadoras y celulares?.

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Apple y Microsoft subieron los precios de varios de sus productos más populares: las consolas Xbox, las Mac y las iPad. Ambas dieron la misma explicación: una escasez sin precedentes de chips de memoria, provocada por el auge de la inteligencia artificial.


Enrique Quintana

Coordenadas


El jueves pasado, según Bloomberg, en apenas cinco horas Apple y Microsoft subieron los precios de varios de sus productos más populares: las consolas Xbox, las Mac y las iPad. Ambas dieron la misma explicación: una escasez sin precedentes de chips de memoria, provocada por el auge de la inteligencia artificial. Para Microsoft fue el tercer aumento al Xbox en 13 meses.


Detrás de esos ajustes hay un fenómeno que Morgan Stanley bautizó como “chipflation”.


Durante medio siglo, el precio de los chips para la memoria cayó a la mitad casi cada cinco años; hoy ocurre lo contrario.


El precio de la llamada memoria DRAM (dynamic random access memory) se duplicó en 2025 y volvió a subir entre 40 y más de 90% en el primer trimestre de 2026, según TrendForce, firma de análisis taiwanesa. En el segundo trimestre, los contratos de DRAM avanzaron entre 58 y 63%, y los de memoria NAND (base de las SSD y las USB, entre otras) entre 70 y 75%, el mayor salto en una década.


Un chip DDR5, común en las computadoras personales, ha cuadruplicado su precio en un año. La industria ya habla del “RAMageddon”.


La causa no es un desastre natural ni un accidente de producción. Es la inteligencia artificial.


La construcción acelerada de centros de datos detonó una demanda voraz de chips de alto ancho de banda (HBM), el componente que alimenta a los de Nvidia. Las grandes tecnológicas invertirán este año unos 650 mil millones de dólares en infraestructura de IA, 80% más que en 2025, y firmaron contratos de tres a cinco años que aseguran de antemano 40 a 50% de la capacidad. Los fabricantes reorientaron más del 80% de su capacidad avanzada hacia los HBM y la memoria para servidores, de mayor margen. Así, los centros de datos pasaron de consumir 32% de la DRAM mundial hace cinco años a cerca de 50% en 2025.


Un fabricante de equipos me lo describió así: si hay una demanda extraordinaria de autos de lujo, de alto margen de utilidad por unidad, las empresas dejan de producir sedanes populares y austeros. Es lo que ocurre hoy con los chips.


Hay un agravante: la industria no vio venir el auge. Tras la pandemia quedó un excedente de chips que desincentivó nuevas inversiones, y el puñado de productores que sobrevivió quedó en una posición privilegiada. La electrónica de consumo y la industria automotriz compiten por lo que sobra: los inventarios cayeron a dos o cuatro semanas, frente a las ocho o doce normales, y los chips de uso automotriz llegaron a encarecerse hasta 180%.


Conviene recordar cómo se produce un chip: diseño y manufactura están separados. Nvidia, Apple o Qualcomm diseñan, pero no fabrican; encargan la producción a las llamadas “foundries”. En ese eslabón, una sola empresa, la taiwanesa TSMC, controla cerca de 70% del mercado mundial y produce más de 90% de los chips más avanzados. En memoria, la concentración es parecida: tres compañías —Samsung, SK Hynix y Micron— dominan el mercado, y Asia reúne más del 60% de la capacidad de fabricación. Una estructura extraordinariamente concentrada y, por ello, vulnerable.


Levantar una planta de semiconductores toma de 18 a 24 meses, y arrancar la producción a escala, más aún. Las apuestas son colosales: ayer mismo Corea del Sur anunció un plan nacional de semiconductores por unos 520 mil millones de dólares —Samsung y SK Hynix levantarán cuatro nuevas plantas—, una cifra que multiplica por diez los subsidios del CHIPS Act estadounidense. Micron comprometió otros 200 mil millones en Estados Unidos.


Pero buena parte de ese gasto va a infraestructura y empaque avanzado, no a producción inmediata de obleas, y las fábricas relevantes no aportarán capacidad significativa antes de mediados de 2027, algunas hasta 2028.


El director ejecutivo de Micron, Sanjay Mehrotra, lo resumió: la disponibilidad podría mejorar en 2028, pero no hay fecha en que la oferta alcance a la demanda. Para el consumidor, la conclusión es incómoda: los precios de computadoras, teléfonos y autos seguirán con presión alcista todo 2026 y, probablemente, buena parte de 2027.


En este reacomodo hay una ventana para México. El Plan México los identificó como sector estratégico y contempla un Plan Maestro 2024-2030 con al menos 10 mil millones de dólares de inversión proyectada.


México no competirá con Taiwán en la fabricación de vanguardia; eso exige décadas, agua ultrapura y energía estable, hoy limitaciones reales. Pero el país ya tiene fortaleza en el ensamble, prueba y empaque —donde operan Intel, Foxconn y Texas Instruments— y puede crecer en chips legados y en diseño, actividades intensivas en talento.


Su carta más fuerte es la geografía: estar a horas, no a semanas, del mayor consumidor del planeta, con el T-MEC como marco.


El reto es de ejecución y certidumbre. Si lo resuelve, la escasez global de chips podría volverse, paradójicamente, una de las mejores oportunidades industriales de la década.



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