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martes, 30 de junio de 2026

Las tres historias de tortura que no se deben repetir.

Por Más Noticias y un poco Más
🗞️ Vanguardia.com.mx 


Jacinto, Óscar, Refugio, tres hombres sufrieron tortura por fuerzas policiacas en la época más violenta de Coahuila. Historias que quedaron impunes y no deben repetirse.

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Durante más de dos décadas, el Semanario de Vanguardia se ha dedicado a generar periodismo de investigación, revelando corrupción, abusos de poder y las historias más profundas de Coahuila y México. Con rigor, transparencia y compromiso, contamos la verdad detrás de los hechos que impactan a la sociedad















A las 7:00 de la mañana que Jacinto se despertó, tras la última golpiza de la noche, pensó que había defecado o algo así, pero no, era que sangraba por la entrepierna después que uno de los policías le reventó los testículos con un barrote.

El dolor, que le punzaba por todo el cuerpo, lo había hecho, no sabe si, dormirse o caer inconsciente.

Estuvo así entre cuatro, tal vez seis horas, hasta que llegaron, le aventaron agua y le hablaron.

En una maniobra que sus captores del GROMS hicieron para cambiarlo de posición, la venda que le habían enrollado en los ojos se jaló un poco y Jacinto, 45 años, alcanzó a ver por unos segundos que se encontraba como en un cuarto de hotel con las paredes manchadas de sangre.

En aquella habitación se escuchaban gritos y quejidos de gente, narra Jacinto.

Era 2012.

Con las horas Jacinto, que había sobrevivido a la tortura, supo que aquel lugar a donde se lo habían llevado era el Hotel La Torre, un emblemático edificio de Saltillo que fuera un prestigioso hotel en la década de los ochenta y noventa, pero que fue pagado por el gobierno y utilizado por policías como un cuartel donde torturaban a sospechosos de pertenecer al crimen organizado.

Este lugar, que cobró fama durante los años ochenta por su emblemático fortín, se había convertido a la postre en la base del Grupo de Reacción Operativa del Municipio de Saltillo (GROMS), la policía de élite creada en 2012 con el fin de combatir a la delincuencia, específicamente a Los Zetas, en el vórtice de la guerra contra el narco.

El GROMS es una de las policías señaladas en el Comité contra la Desaparición Forzada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que eran parte de un patrón de participación directa en actos de desaparición forzada y crímenes de lesa humanidad.

El GROM dependía administrativamente del municipio, pero operativamente del Grupo de Armas y Tácticas Especializadas (GATE) a través de la seguridad pública estatal, reseña la Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH), la organización encargada de recopilar el caso de Coahuila para la ONU, en donde se documentaron prácticas sistemáticas en más de 500 casos de desaparición en Coahuila en los periodos de los gobernadores Humberto Moreira, Jorge Torres y Rubén Moreira.

Y como administrativamente dependía del municipio, el responsable era el director de la Policía Municipal, el Teniente Clemente Yáñez Carrillo (actualmente jubilado), uno de los muchos jefes militares que llegaron a formar parte del Modelo Coahuila, estrategia de militarización que impuso el gobernador Humberto Moreira.

Este modelo se trazó desde la entrada de Humberto Moreira en 2005: militarización sin rendición de cuentas y corporaciones de élite sin supervisión civil, pues cabe recordar que los controles de la seguridad pública estatal fueron desmantelados por el gobernador Humberto Moreira, quien desapareció la Secretaría para buscar concentrar el control operativo de la seguridad en la Fiscalía Estatal, a cargo del cuestionado Jesús Torres Charles.

Este diseño policial orquestado desde el gobierno de Humberto Moreira, derivó en lo que documenta el informe del Comité contra la Desaparición Forzada: “Dos patrones de desapariciones forzadas: entre 2009 y 2011/2012, las fuerzas policiales de Coahuila secuestraron víctimas, que luego fueron entregadas al cártel de los Zetas; y entre 2011/2012 y 2016, las autoridades estatales responsables de la aplicación de la ley llevaron a cabo directamente actos de desapariciones forzadas a través de sus fuerzas especiales”, dice el informe.

Fue hasta que, en 2012, a la entrada de Rubén Moreira como gobernador, se comienza a reorganizar el modelo institucional de seguridad pública estatal, pues en un periodo corto de tiempo pasó de Secretaría a Comisión y viceversa.

Tan solo de 2012 a 2014 hubo cuatro responsables: Jorge Luis Morán Delgado (quien posteriormente militó en Morena), José Gerardo Villarreal Ríos (actual director del Centro de Capacitación de la Fiscalía), Ricardo Aguirre Cuéllar (actual presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de Monclova) y Hugo Gutiérrez Rodríguez (actual Secretario de Seguridad).

“Se les dio mucho poder y se hicieron de la vista gorda en aquel momento de todas las quejas, que eran quejas generalizadas...’”, dice una abogada a la que le tocó llevar algunos asuntos de gente que fue afectada por el GROMS.

A este hotel las víctimas le llamaban “El cuartel de la tortura” por los muchos testimonios sobre atrocidades que los oficiales vestidos de negro cometieron ahí.

“Era de que si corrías con suerte salías vivo. Mucha gente ya no salía de ahí. Hubo gente detenidos por el GROMS que no la consignaban, ya no la encontraban. ¿la desaparecían?, ¿la enterraban? No sabemos en realidad que hacían con ella”, dice Refugio, una víctima del GROMS.

DESAPARICIONES Y TORTURA

En su primer año de funciones, (2012–2013), el GROMS había acumulado ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Coahuila, (CDHEC), cinco recomendaciones con 14 víctimas de desaparición y tortura.

“Hay clientes que nos han referido que en ese lugar se cometían actos de tortura, hubo personas desaparecidas, homicidios que se cometieron con el pretexto de sacar información. Algunos nos cuentan que los dejaban colgados en ganchos de los brazos con las esposas, los invertían... Hubo personas que llegaron a perder sus extremidades, mujeres violadas que llegaron a perder partes de su cuerpo, como la matriz, por las agresiones sexuales tan fuertes. Hombres, también violados a los que les llegaron a meter botellas, actos terribles de tortura”, narra una reconocida penalista de Saltillo que pide el anonimato por razones de seguridad.

De 2013 a 2017 el GROM sumaba ya 56 quejas ante la CDHEC, por abuso de poder, detenciones arbitrarias, privación a la libertad y agresiones contra los detenidos, 57 por ciento de las cuales (32), tuvieron como causas de conclusión la falta de interés, así como la falta acreditación de los hechos.

No obstante, el informe “México: Asesinatos, desapariciones y torturas en Coahuila de Zaragoza constituyen crímenes de lesa humanidad” concluye que Los Zetas y los miembros de las corporaciones de seguridad de Coahuila, ente ellos el GROM, realizaron múltiples actos de violencia que comprenden los crímenes de privación grave de la libertad física, tortura, y desaparición forzada de personas, todos ellos cometidos contra la población civil del estado.

“Estas fuerzas especiales, amparándose en la ilegalidad de su creación y el uso indistinto de denominaciones, han tenido carta libre para atacar sistemáticamente a la población civil de las zonas fronterizas de Coahuila”, consigna el documento.

$!Informes internacionales señalaron los múltiples actos de violencia de corporaciones policiacas en la época más violenta de Coahuila

El despacho de Jorge Héctor Enríquez Lázaro, abogado experto en derecho penal, llegó a atender en aquellos años cerca de 80 casos de personas que habían sido llevadas al Hotel La Torre y sometidas a toda clase de tortura físicas, psicológicas y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes como: ataques con perros, golpes en los oídos, el tormento de la silla, en el que a las víctimas las estiran de manos y piernas; y sumersión de la cabeza dentro de un tambo con agua (waterboarding).

“Llegaban al Hotel La Torre y no sabían si iban a salir vivos de ahí y ahí los tenían fuera de los términos de ley, porque la obligación de la policía era ponerlos inmediatamente a disposición del Ministerio Público o de la autoridad competente. Sin embargo, estos no lo hacían, los retenían cuatro o cinco días. Hay gente que hasta 15 días permaneció en el Hotel, sin que nadie supiera”.

A finales de 2019, Vanguardia publicó que durante 2018 Coahuila fue una de las 5 entidades en todo México con el mayor número de incidencias por el delito de tortura. En 2015 ocupó el cuarto lugar. Esto de acuerdo con el Observatorio Contra la Tortura, integrado por cinco organizaciones, entre las que se encuentran el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México.

DETENCIÓN ARBITRARIA, EL MODUS OPERANDI

Jacinto estaba acostado, descansando, acababa de salir del turno de noche en la fábrica donde trabajaba, cuando escuchó que tocaron a la puerta. Serían las 8:00 o 9:00 de la mañana.

Apenas abrió, un piquete de policías vestidos de negro que venían en tres camionetas negras irrumpió en su casa, ere el GROMS.

La versión oficial dice que el GROMS fue conformado por exmilitares, de entre 25 y 35 años, provenientes de grupos de élite del Ejército, la mayoría originarios de Oaxaca y Chiapas.

“Fueron el primer grupo militarizado, encapuchado, no sabías ni quiénes eran, vestidos de negro, traían unidades blindadas con armamento que el estado no había comprado, que en el estado no existía. Era un grupo de limpieza porque al gobierno municipal, estatal se le salió de las manos el tema de la seguridad, entonces le dio permiso de actuar. Ese grupo empezó a limpiar, a levantar, para sacar información... En sí el GROM le hizo mucho bien a Saltillo porque limpiaron, ellos vinieron a limpiar a como les costara... Gracias al grupo empezó a regresar un poquito la tranquilidad. Que abusaron mucho de su poder es una realidad.

“La mayoría de los que detenían andaban metidos en la delincuencia. Se llevaban a los que se dedicaban a vender mariguana, piedra, cristal, para sacarles información: ‘a ver tú qué onda, para quién trabajas, quién es tu jefe’, y les sacaban la información a golpes, a madrazos, amenazas, intimidación. Era un cuerpo para sacar información a base de prácticas terroristas militares. No sabemos si fueron buenos o malos, yo les llamaría un ángel de la muerte necesario y ese hotel yo creo que tiene la peor mala vibra del estado. Fue un búnker de sacar información, no eran oficinas administrativas”, dice un experto seguridad pública a cambio de que se resguarde su identidad.

Sin mediar palabra los del GROMS empezaron a golpear a Jacinto, luego lo esposaron con las manos por la espalda, le vendaron los ojos, lo subieron a la cabina trasera de una de las unidades y de ahí se fueron con él, agachado, golpeándolo: puñetazos, cachetadas, durante el trayecto.

Alguien le dio un culatazo en la nuca o eso le pareció, la fría culata de un fusil estrellándose contra su nuca, Jacinto tenía los ojos vendados, no podía ver.

Al cabo de un rato estaba, se imagina otra vez, en un como cuarto. Lo que sí se sentía real eran las voces de hombres y mujeres gritando que ya no les pegaran

Jacinto supo que estaban en La Torre por comentarios de otras personas detenidas ahí que habían visto y reconocido los cuartos que antes hacían de hotel.

Otros testimonios recabados por SEMANARIO describen así una de las tantas piezas del llamado “Cuartel de la tortura”:

Las paredes forradas con tapas de huevo para amortiguar el ruido de los gritos y en el cuarto los instrumentos de tortura del GROMS: tambores de colchón conectados a la corriente eléctrica, barrotes, tablas, cadenas...

“PENSÉ QUE ME IBAN A MATAR”

“Los del GROMS nos decían que ya nos había cargado la chingada, que nos iban a sembrar delitos y por el dolor ya no recuerdo más detalles”, relata Jacinto.

Siguieron 12 o 13 horas discontinuas de tormentos. Lo asfixiaron con una bolsa de plástico en la cabeza. Le echaron gas lacrimógeno en las fosas nasales, Le dieron patadas, puñetazos, golpes con tubos y barrotes por todo el cuerpo.

Y como ya se dijo al arranque de su testimonio, a Jacinto le reventaron los testículos con un barrote.

“Tuve miedo, pensé que ahí me iban a matar”, dice.

Lo habían encintado de pies y manos y mientras permaneció en “El cuartel de la tortura”, no le dieron agua ni comida.

Amaneciendo, Jacinto, junto con otros detenidos, fue trasladado a la comandancia de la Policía Municipal de Saltillo, donde el GROMS lo puso a disposición del juez calificador por el delito de riña.

“Nos consignaron por riña, que veníamos lesionados y ahí se hicieron ojo de hormiga”, confiesa. “Estuve una hora en las celdas, no me podía mover”.

Jacinto estaba molido: le dolían las costillas, las muñecas, el cuello, la cara, las rodillas, los tobillos y tenía los glúteos reventados.

Ya en la calle unos desconocidos, familiares de los que habían salido con él de La Torre, lo llevaron al Hospital Universitario, donde convaleció por cerca de 10 días.

Una vez que dejó el sanatorio Jacinto decidió irse de la ciudad sin denunciar a sus torturadores.

“Te amenazaban con que le iba a suceder lo mismo a tus hijos, a tu familia. Hay gente que quedó completamente traumatizada, con depresión, con estrés y que no quiere hablar ni rendir ningún testimonio porque todavía tiene miedo. Los que afectivamente habían sido consignados por el GROMS a causa de algún delito nos contrataban para terminar su proceso legal y obtener una sentencia absolutoria, pero no querían seguir una denuncia por tortura contra sus agentes aprehensores porque sabían las represalias que podía tener esto, por eso muchos casos quedaron impunes”, dice otro jurista cuyo despacho ha atendido varios casos de víctimas del GROMS.

-¿Llegó a entrar a La Torre?

-No te lo permitían, pedías una inspección y te la negaban y te la negaban y te la negaban...

$!El GROMS sumó decenas de quejas por violaciones a derechos humanos en la etapa violenta del Estado.

IMPUNIDAD CON UN NUEVO ROSTRO

De acuerdo con el informe “México: Asesinatos, desapariciones y torturas en Coahuila de Zaragoza constituyen crímenes de lesa humanidad”, en marzo de 2016, y en medio de nuevos escándalos sobre los crímenes cometidos por las fuerzas especiales, fueron disueltas todas las policías de élite.

Ese mismo mes se fundó “Fuerza Coahuila”, como una policía única estatal que agrupaba las diferentes fuerzas policiales preexistentes.

Es decir que tras su desintegración la mayoría de los elementos del GROMS, pese a sus antecedentes, seguían en activo.

“Desde inicios del 2016, los integrantes de estas distintas corporaciones han pasado a formar parte de “Fuerza Coahuila”, sólo un cambio de nombre para una nueva corporación que parece seguir cometiendo los mismos crímenes”, dice el Informe.

A pesar de que han pasado ya nueve años desde aquello, Jacinto dice que aún se despierta por las noches sudoroso, oye algún ruido y le da miedo.

“Son secuelas que no se curan jamás”.

VERDUGOS ANÓNIMOS

“Yo llegué a decirles, ‘bueno, ¿qué quiere que le diga?, ¿por qué me pega?, dígame qué quiere que le diga, yo se lo digo”. No me dejaban ni hablar, ‘ah, muy rezongón...’, y pum...”.

Óscar se encontraba en una estancia de “El Cuartel de la Tortura”, con sus carcas de 170 habitaciones, la suite presidencial, la torre de 12 pisos que remata en un salón grande que antes era una discoteca, su alberca y sus extensos jardines.

Los verdugos de Óscar lo estaban golpeando en la cara, el pecho, el estómago.

“’Levántate, y levántate’ – me decían – ‘porque apenas estoy empezando’”, dice y confiesa que en un momento dado se le salieron las lágrimas.

Óscar había acompañado a un amigo y a la mujer de éste a comprar un carro en un yonque de Periférico Echeverría y Otilio González.

No hacía ni cinco minutos que habían llegado cuando a eso de las 3:00 de la tarde arribó un convoy de camionetas con policías de negro enmascarados y armados, era el GROMS.

Sucedió a finales de noviembre de 2014.

En la venta de autos usados se hallaban también dos dependientes, un matrimonio y un cliente que entretenido miraba los coches.

Sin siquiera presentarse los policías la arremetieron a golpes contra todos.

“Saca todo lo que traigas”, gritaron los uniformados.

La golpiza en el lote de autos se prologó por dos horas y media.

Al amigo de Óscar, que había ido sólo para comprarse un coche de segunda mano, le pusieron la bolsa.

$!La impunidad por los actos de tortura continuaron, las víctimas únicamente quieren justicia.

Cayendo la tarde los oficiales del GROMS cargaron con los dependientes y clientes del yonke.

A Óscar le vendaron los ojos, lo obligaron a cubrirse la cabeza con su playera a manera de funda y lo subieron a la cabina trasera de una de las camionetas.

-“Ahorita en el cuartito van a decir todo, de aquí ya no se salvan, porque son de los Zetas”, dijeron los presuntos policías.

-“Pérate, ¿de qué me hablas?”, respondió Óscar.

Otra penalista, que solicita sea guardada su identidad, dice que las personas que fueron sometidas a este tipo de tortura no solamente eran delincuentes o gente que estaba siendo perseguida por un ilícito, también inocentes que se encontraban en el momento, en el lugar y con la persona equivocada y terminaron como víctimas del GROMS que, por su actuación, se había convertido en infractor de la ley.

“Si veían a alguien sospechoso lo detenían y a veces eran personas que resultaban inocentes. Conocimos casos de personas que tenían algún conflicto con uno de ellos, las perseguían como si fueran delincuentes, les sembraban droga, armas, y a parte terminaban torturándolos”.

Llegando a La Torre lo acostaron sobre un colchón en el piso, junto a otros detenidos, y le lanzaron agua en la cara, que tenía cubierta con su playera, Óscar sentía que se ahogaba.

“Te ponen acostado en el colchón. Te suben la camiseta, está un pelao arriba de ti pa’ que no te estés moviendo pa’ ningún lado y el otro te está echando agua en la cara. Sientes que te estás ahogando, que se te acabaron los 20 segundos abajo del agua”.

Aquella noche, en medio del dolor y la tortura, Óscar oyó como si alguien hubiera cortado cartucho y luego una voz que decía: “Estos son zetas, dales piso de una vez”.

A Óscar se le heló la sangre. Después se enteraría de que a la pareja del amigo al que había acompañado al yonque para comprar un automóvil, la habían torturado sexualmente.

“La agarraban de los cabellos y la estrellaban contra la pared. Nosotros oímos que gritaba y luego el costalazo. Ella después nos dijo que la habían violado”.

Todavía no clareaba cuando un comando del GROMS lo remitió a él y a sus compañeros de infortunio a la entonces dirección de la Policía Municipal de Saltillo, acusados de robo de vehículos.

“Que andábamos ahí en el lote robándonos con una grúa los carros que estaban ahí ¿Te ibas a robar una grúa también...? Es absurdo nadie les creyó”.

Al ver las condiciones en las que venía el Ministerio Público le preguntó si lo habían golpeado. La respuesta era evidente, pero como uno de los GROMS todavía venía con ellos, fue quien tomó la iniciativa.

–¿Te golpeamos?, ¿verdad que no te golpeamos? –lanzó el policía.

–No, pos no –dijo Óscar.

En la base del GROMS Óscar había sido despojado de su cartera en la que llevaba cinco mil pesos y sus identificaciones.

En la base del GROMS, en el Hotel La Torre, ese cuartel de tortura, Óscar fue despojado de su cartera en la que llevaba cinco mil pesos y sus identificaciones. A su amigo le habían quitado los 25 mil pesos que traía para comprar un coche pasado de moda.

Cuando el M.P. le preguntó a Óscar por su carné, uno de los policías le regresó la billetera con solo 500 pesos de los cinco mil que llevaba y sus credenciales.

Ese mismo día, como a las 10:00 de la noche, fue dejado en libertad sin cargo alguno, pero está seguro que muchos de los que estuvieron con él no corrieron la misma suerte.

Cuando volvió a su taller, el portón de la entrada estaba forzado. Le saquearon toda la herramienta. Recuerda que a punta de golpes, los GROMS le arrancaron la dirección de su negocio. Pero cómo luchas contra quienes se supone que están para cuidarte, quién está vigilando a los vigilantes. Al final Óscar prefirió no denunciar y mudarse de local.

Al final Óscar prefirió no denunciar y mudarse de local.

‘VAMOS A DARLE TERAPIA’

Refugio, un hombre de 42 años, víctima de tortura por parte del GROMS, relata que una de las frases que solían repetir los uniformados mientras lo golpeaban era “vamos a llevarlo al cuartel, allá le damos terapia”.

Lo habían detenido en 2013 cuando iba a bordo de su camioneta tomando cerveza y entonces lo bajaron, lo treparon a una de sus unidades, lo llevaron a las afueras de la ciudad, lo esposaron a los tubos de la patrulla y le pegaron con un bate y la culata de los R -15 en espalda, costillas, chamorros, tobillos y nalgas, al tiempo que le ponían la picana para darle toques eléctricos y le metían la bolsa de plástico para asfixiarlo.

Querían que aceptara, a toda costa, que andaba con un cartel de la delincuencia organizada.

Al final lo dejaron tirado en un terreno baldío, inconsciente.

Refugio prefirió no denunciar por temor a que lo desaparecieran.

“A mí me fue bien, hubo personas a las que les quebraban las manos, las piernas, todos los quebraban. Dicen que muchos no aguantaban y se morían en la tortura”.

$!Las víctimas refieren que eran llevadas a un viejo hotel, donde eran torturados.

ABUSOS CONTRA MIGRANTES

Uno de los casos más conocidos de tortura por parte del GROMS fue el que se denunció en julio de 2013 contra personas migrantes.

Durante ese año la corporación policial había capturado a 47 indocumentados que fueron llevados a La Torre, torturados e internados en el Cereso de Saltillo, acusados de posesión de droga con fines de venta.

“Al entrevistarlos dentro del penal, todos nos decían lo mismo: que los detenían caminando en la calle, se los llevaban a un lugar que describían como el Hotel La Torre, que allá dentro los torturaban y los obligaban a firmar la declaración donde admitían que traían droga y que tenían la intención de venderla. Les decían ‘si tú no dices que estabas vendiendo la droga vamos a matar a tu familiar o a tu amigo’. Llega un momento en que los doblan y aceptan la culpabilidad”, cuenta Javier Martínez Hernández, coordinador jurídico de Casa del Migrante.

La Casa del Migrante buscó entonces el apoyo de la CDHEC e interpuso una queja por el delito de tortura.

Sin embargo, la Comisión dijo que no haría la investigación por tortura, sino por abuso de autoridad y uso excesivo de la fuerza.

A final La CDHEC emitió una recomendación, la 114/2014, como ya lo había advertido, por uso excesivo de la fuerza y no por tortura.

“Y además dice que de la investigación no se desprende que se les haya arrancado una confesión. Les decíamos ‘es que los migrantes dicen que fueron torturados’. Las narraciones que teníamos de los migrantes es que los ponían en colchones mojados y les daban toques. Los tenían en cuartos separados y si, por ejemplo, iba un migrante acompañado por un amigo o hermano y en el otro cuarto se escuchaba un disparo, le decían que acababan de matar a su hermano o a su amigo, todo tipo de tortura. A pesar de eso la Comisión de Derechos Humanos no quería investigar”.

La Casa del Migrante metió un amparo en contra de dicha recomendación, pero el amparo fue desechado por el juez federal.

Eran los tiempos del presidente de la Comisión de Derechos Humanos, Xavier Diez de Urdanivia.

“No lo quiso asumir tal cual, a pesar de que la Comisión se supone que es independiente. Me quiero imaginar que no por ignorancia sino fue más bien por cuestiones políticas porque él no quería enfrentarse al Estado. Una Comisión de Derechos Humanos que debería ser aliado de las víctimas se volteó totalmente en ese momento. Ninguna autoridad de ningún nivel quería tocar el tema de la tortura, era como una papa caliente... se la aventaban...”.

Al mismo tiempo la Casa del Migrante trató de convencer a los afectados para que interpusieran una demanda penal en contra del GROMS por el delito de tortura, pero ellos se negaron argumentando que habían sido amenazados de tomar represalias si acusaban.

De igual forma la Casa del Migrante intentó llevar el caso ante las instancias internacionales, pero ya no fue posible dada la salida de los migrantes a sus países de origen.

Después de permanecer entre tres meses y un año en prisión, y luego de pagar una fianza, los migrantes fueron dejados en libertad y deportados.

Durante el proceso la Casa del Migrante había solicitado audiencia en varias ocasiones con las autoridades, pero fue ignorada sistemáticamente.

“No creo que no hayan estado enteradas (las autoridades). Había muchos, muchos abusos, yo te estoy platicando lo que nos tocó a nosotros, pero supimos que a mucha gente le fue muy mal con ellos”.


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