
Un hostelero compró en 1976 a un chatarrero uno de los tubos que iba en el interior de la chimenea y lo instaló como salida de humos de su restaurante.
Las versiones
Hay distintas teorías sobre su historia. La que tiene más peso es la que cuentan los vecinos. Recuerdan que los primeros moradores del inmueble llegaron cuando el tubo de la chimenea ya estaba instalada. El restaurante fue lo primero que se hizo, y cuando se empezó a tirar ladrillo hacia arriba, la obra se ejecutó rodeando la chimenea, en medio de un patio de luces estrecho, de unos nueve metros cuadrados. Cuando los trabajos concluyeron, el edificio se habitó. Y «hasta hoy no hubo ni un solo problema», cuenta Andrés, residente del inmueble.
Según sostienen, el dueño del negocio necesitaba una buena salida de humos y algún chatarrero que se había hecho con el tubo le comentó la posibilidad de vendérsela para tal fin, pues era de hierro fundido y aguantaría lo que le echaran. Así que la levantaron por módulos de unos dos metros de longitud cada uno. A la obra llegaron sueltos y fueron soldándolos.Se cree que aquel hostelero la compró en 1976 porque tenía una altura aproximada a la del edificio.
Incrédulos
Sin embargo, hay un vecino en el edificio que, pese a llevar casi medio siglo en el inmueble con la chimenea a un metro de su ventana, duda de que sea la del Urquiola. Antonio no las tiene todas consigo, porque le resulta «muy extraño que haya aguantado una explosión y llamaradas y le hayan podido dar otra vida». Nadie lo saca de ahí.
El resto de residentes sí están absolutamente convencidos de que es la del Urquiola y no se cansaron de presumir de que vivían pared con pared con la chimenea del petrolero. La tienen como oro en paño y se comenta que algunos se mostraron siempre agradecidos por el calor que desprende cuando está en funcionamiento. Seca antes la ropa y jamás de los jamases se produjo una fuga de humo. Menudo invento.

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