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Lleva tiempo modulando su discurso con una precisión casi quirúrgica. Lo que parecen contradicciones es pura estrategia.

Gabriel Rufián lleva semanas modulando el discurso con una precisión casi quirúrgica. Endurece el tono contra el PSOE, eleva la presión sobre la corrupción, toma ahora distancia de José Luis Rodríguez Zapatero y lanza advertencias públicas sobre la degradación del Gobierno. Pero, al mismo tiempo, mantiene intacto el soporte parlamentario que permite sobrevivir a Pedro Sánchez. Esto no es una contradicción improvisada, sino pura estrategia. Así, la escena de este miércoles en el Congreso deja una imagen política mucho más importante de lo que aparenta a primera vista. Si Rufián se separa del expresidente Zapatero, justo cuando el expresidente atraviesa su momento judicial más delicado, y cuando Pedro Sánchez ha decidido cerrar filas con él sin matices, no es un gesto casual, sino una señal.
El portavoz de ERC ha entendido antes que muchos socios, o al menos quiere visualizarlo antes, que el gran agujero negro del sanchismo ya es reputacional y que este es la verdadera amenaza para quienes han construido toda la legislatura alrededor de la idea de “bloque progresista”. El portavoz de ERC empieza a prepararse para un escenario que hace solo unos meses parecía impensable en el bloque de investidura: la posibilidad real de que el desgaste político, judicial y reputacional del sanchismo termine contaminando a todos sus socios y, por supuesto, sea el que se lleve finalmente por delante al presidente del Gobierno.
Este análisis coincide con el que hacen otros socios, aunque lo disimulen más, y con el que conviven dentro del PSOE. Andalucía ya mostró un deterioro político serio de las siglas socialistas. Los socios parlamentarios no lo atribuyen a un problema coyuntural, sino a un fallo estructural del partido del Gobierno. A que las cifras económicas de las que presume Sánchez no llegan a la calle y a la sensación de acumulación de corrupción, investigaciones, autos judiciales y deterioro institucional alrededor del núcleo político del presidente.
Hasta ayer, Zapatero era para ERC una figura casi intocable. Un interlocutor privilegiado, el hombre que ayudaba a coser acuerdos discretos, desbloquear tensiones y mantener abiertos canales con el independentismo. Rufián lo ha defendido públicamente en numerosas ocasiones. Pero hoy el dirigente republicano se ha atrevido a introducir distancia política y emocional, sobre ese argumento tan flexible, para soplar y sorber al mismo tiempo, de que ya no existe la confianza ciega de antes.
En el PNV también se tapan la nariz ante "el olor que llega de Madrid". Los nacionalistas vascos siempre han convivido mal con los escenarios de ruido institucional permanente, y la tensión judicial y la confrontación constante entre Gobierno y jueces chocan directamente con la cultura política peneuvista, mucho más orientada a estabilidad, empresa y gestión. En privado no se andan con tapujos a la hora de criticar la imagen de un Ejecutivo "instalado en la resistencia nada productiva y asfixiado por la corrupción", pero, al igual que a ERC, consideran que no tienen mejor alternativa que seguir ganando tiempo a la espera de que la fruta madura, Sánchez, caiga por sí misma. Junts juega otro partido, aunque también se preguntan cuánto tiempo puede sobrevivir Sánchez en este marco político y judicial. Y Sumar vive probablemente la contradicción más incómoda de todas porque nació denunciando las prácticas de poder y corrupción del viejo bipartidismo.
Por supuesto, ninguno de los socios habla de ruptura ni de elecciones inmediatas, pero sí están cada vez más preocupados por la supervivencia. "La corrupción no desgasta al partido investigado, contamina a quien lo sostiene", puntualizan en el PNV. La excusa de Vox es el pegamento que les sirve de justificación para seguir sosteniendo al ecosistema sanchista. Esto, y lo que todavía confían en "cobrarse" en cesiones de Madrid de la política de mirar para otro lado. Hagan los aspavientos que hagan, los socios no pueden tumbar al Gobierno. Entre otras cosas porque no tienen garantías de supervivencia electoral fuera de este bloque. Pero internamente muchos ya empiezan a asumir que Sánchez ha entrado en una fase política de supervivencia judicial y de contención del daño con poca resistencia épica. "Cuando los aliados empiezan a pensar más en protegerse que en proteger al presidente la Legislatura entra en una zona extremadamente peligrosa", explica un diputado vasco.
Esta tarde, PSOE y ERC se abrazarán en Madrid para sellar las concesiones que facilitan a Salvador Illa tener Presupuestos y continuidad política.

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