México requiere una estrategia fiscal de mediano plazo: revisar rigideces, proteger inversión productiva, ampliar la base tributaria sin ahogar la actividad y trazar una ruta clara para Pemex.
El primer trimestre fiscal en México cerró mejor de lo esperado.
El déficit presupuestario fue de 207 mil millones de pesos contra 380 mil programados, y el balance primario registró un superávit de 98 mil millones.
En medio de aranceles que golpearon a la manufactura, una contracción del PIB de 0.8% trimestral, frentes fríos que dañaron al campo y un peso que pasó de 20.42 en 2025 a 17.57 en este año, Hacienda puede decir que las cuentas, por lo pronto, están bajo control. Tiene razón. La pregunta es si ese orden es sostenible.
El buen resultado no provino de una recaudación robusta, sino de tres amortiguadores que conviene nombrar: gasto que entró tarde al calendario, un peso fuerte que abarató el servicio de la deuda externa, y un costo financiero menor en 3.1% real, con un ahorro de 47 mil millones frente a lo programado.
produce menos de lo que el plan asume y sigue exigiendo apoyo público. Buena parte del salto esperado del Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público —de 50.4% del PIB en marzo a 54.2% al cierre de 2026— pasa por ahí. No es un nivel explosivo, pero deja menos espacio para errores.
La discusión no puede quedarse en si el trimestre salió mejor que el calendario. Salió mejor en una economía que se contrajo, con ingresos tributarios a la baja, gasto rígido al alza, inversión pública apenas reanudándose, Pemex presionando y un margen monetario estrecho. El gobierno no necesita prender alarmas. Sí necesita dejar de confundir estabilidad con holgura.
México requiere una estrategia fiscal de mediano plazo: revisar rigideces, proteger inversión productiva, ampliar la base tributaria sin ahogar la actividad y trazar una ruta clara para Pemex. Posponer esa discusión es cómodo políticamente, pero cada trimestre perdido la encarece.
El primer trimestre no fue una crisis. Fue una advertencia. Si los tres amortiguadores —peso fuerte, costo financiero a la baja y calendario de gasto— ceden a la vez en el segundo, el próximo informe no se va a parecer a este.

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