El paciente que sufrió estas consecuencias fue un hombre que había recorrido a pie la ruta entre Ecuador y Chile en 2016 y que, tras su vuelta a Suiza, enfermó de gravedad, sobrevivió y aceptó someterse a un seguimiento clínico.

En este sentido, los testículos funcionan como una especie de refugio el cual, para no destruir los espermatozoides que se están formando, el sistema inmunitario reduce su vigilancia en esa zona, lo que convierte al aparato reproductor masculino en un refugio donde patógenos como el Ébola, el Zika o ahora el virus Andes pueden sobrevivir durante años.
El antecedente más destacado fue el Ébola. En 2021, un brote en Guinea con doce muertes se rastreó hasta un superviviente de la epidemia de 2014-2016 que había transmitido el virus por vía sexual años después de curarse. A raíz de aquello, la Organización Mundial de la Salud recomienda a los varones supervivientes someterse a pruebas de semen cada tres meses y mantener relaciones protegidas hasta acumular dos resultados negativos consecutivos. Expertos de la empresa de predicción epidemiológica Airfinity defienden aplicar el mismo protocolo a quienes superen el virus Andes.
Los autores del estudio suizo dejaron por escrito que no consiguieron aislar partículas víricas infecciosas en ninguna de las muestras ni en los sistemas de cultivo empleados, por lo que detectar el material genético no equivale a demostrar que el paciente siguiera siendo contagioso. La propia investigación admite como limitación que se trata de un único caso y reclama estudios en una cohorte más amplia de supervivientes para confirmar si la persistencia es la regla o una excepción.

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