
El director del Rosalía de Castro, Marcos Díaz, sostiene que los trabajos ejecutados han tenido como objetivo «mantener los niveles de seguridad» y subraya sobre la incorporación de nuevas rutas que las aerolíneas deciden operar «allí donde sacan más rentabilidad a sus activos, que son los aviones»

El director destaca que los viajeros solo percibirán normalidad, pero no las mejoras de unas obras que permitirán «retomar las operaciones en plenas condiciones de seguridad, como veníamos haciendo hasta ahora, con la pista y con los sistemas de aterrizaje renovados y con la terminal también renovada. Se le ha dado un lavado de cara a muchas cosas que no son tan visibles como la pista», indica Díaz, quien asume que el reto en esta nueva etapa es «recuperar la senda de crecimiento que veníamos teniendo hasta el año pasado». Aunque el estandarte de la programación para los meses con mayor demanda de la campaña estival es ese vuelo con Nueva York, hay contactos en marcha con las aerolíneas, tanto por parte de Aena como del Concello, para potenciar el panel de vuelos de cara a las próximas temporadas. Marcos Díaz constata que, en un negocio liberalizado como el aeroportuario, la captación de rutas no es una tarea sencilla. «No tenemos una varita mágica. Las compañías son negocios privados y deciden operar allí donde sacan mayor rentabilidad a sus activos, que son los aviones», asegura.
En este contexto, Ryanair se reafirma en su decisión de ir a la contra, y sigue presionando con recortar la operativa que le queda en Santiago, donde solo conserva ahora el 30 % de los asientos que tenía programados antes del tijeretazo de septiembre pasado, cuando desmanteló su base. «La decisión de Ryanair es comercial, que comprendemos dentro del ámbito del negocio de las compañías, un negocio privado, un mercado liberalizado. No compartimos las formas en las que ha transmitido el mensaje», reprocha Marcos Díaz. También rebate el argumentario de la aerolínea irlandesa sobre las tasas que paga por operar en Santiago: «Las tasas de los aeropuertos españoles siguen siendo muy bajas comparadas con la media europea. Y en Santiago en concreto, al entrar en los nuevos incentivos que se han puesto en marcha para aeropuertos de menos de 3 millones y medio de pasajeros, las tasas que pagan las compañías están modificadas en un 60 % para los próximos tres años de momento. Las tasas de Santiago no solamente no son un hándicap, sino que son un incentivo para operar aquí», defiende el director del Rosalía de Castro, que no descarta que Ryanair cambie su estrategia. «Bueno, los mensajes que transmite la compañía son positivos. Hay que ser optimistas».
La dirección de Lavacolla también ve encaminado en la dirección correcta al grupo de conectividad aérea, que trabaja con esa asignatura pendiente de la coordinación aeroportuaria que sigue pareciendo irresoluble en una coyuntura en la que todas las decisiones posibles parecen amenazadas por los discursos localistas de las ciudades. También aquí Díaz prefiere tirar de optimismo, aunque desde la cautela: «Todos estamos de acuerdo en la línea en la que hay que trabajar, y se están alineando los mensajes para transmitir a las compañías un mensaje de unidad y un producto interesante desde todos los puntos de vista, desde la infraestructura, a nivel de servicios, de flexibilidad de tasas. Y también desde las instituciones, a la hora de apoyar con determinadas actividades de promoción, con las distintas fórmulas que se usan». Sobre la propuesta de parida de la Xunta de aportar 100.000 euros anuales para cada nueva ruta con un máximo de dos en cada uno de los tres aeropuertos, Díaz sostiene que «lo importante no es la cantidad, ni el número, ni cómo se naturaliza. Lo interesante es que a la compañía le llegue algo atractivo y que se fije en Santiago, en el destino de Galicia, como algo que potencialmente pueda explotar desde el punto de vista comercial. Cualquier iniciativa que sirva para reforzar el mensaje que llega a las compañías es bienvenida y positiva para el grupo», puntualiza.

El problema es que Santiago compite con aeropuertos que emplean otras estrategias más agresivas. Y no se trata solo del Sá Carneiro, con un panel de vuelos inalcanzable para las terminales gallegas, sino también de Asturias, donde el Principado ha movilizado 13 millones de euros para que las aerolíneas operen allí. «Pero no podemos entrar en una dinámica de competir con destinos. Esto no se puede convertir en una subasta. Lo que hay que trabajar es para que el destino sea sostenible a corto, medio y largo plazo. El grupo de conectividad está tratando de trabajar en la línea de que el destino sea atractivo y sea sostenible en el tiempo, sin necesidad de tener este tipo de ayudas», señala Díaz.
Pero la realidad es que la ruta de Roma que Santiago tuvo durante muchos años este verano potencia el panel de vuelos de Asturias. «Los motivos por los que una compañía puede operar desde un sitio u otro pueden ser muy variados. Los márgenes de una compañía son muy estrechos, mucho más de lo que la gente cree. Los incentivos iniciales en la apertura de la ruta pueden ayudar a la apertura, pero no pueden ser sostenibles en el tiempo», argumenta el director de Lavacolla, que considera que el vuelo con la capital italiana «tarde o temprano se ofrecerá desde Galicia, no tengo ninguna duda». Eso sí, prefiere no concretar nada sobre otros posibles destinos de interés para Lavacolla. «En el grupo de trabajo se está trabajando con muchos destinos potenciales. Falta que las compañías terminen de dar el paso y ofrecerlos desde Santiago», resuelve.

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