
De heredero del capital político de su papá, al principal destructor de ese capital. Hoy está temblando por lo que puedan contar en Estados Unidos los morenistas de Sinaloa.
Pero además, fracasó como operador político. Fue derrotado en las elecciones que enfrentó como dirigente morenista. Y ya le venía otra derrota en dos semanas, según prevén las encuestas para los comicios locales de Coahuila. El junior prefirió saltar y abandonar el barco:
Ayer, Andy López Beltrán anunció que renunciaba a su cargo en la dirigencia nacional de Morena porque quiere ser diputado federal. Le urge el fuero. Dice que va a regresar a sus orígenes para trabajar desde abajo su candidatura... en un distrito de Tabasco. Qué conveniente. Se va a donde, montado otra vez en los hombros de su papá, puede volver a ganar sin tener que hacer campaña. ¿Por qué no se lanzó por el distrito de las colonias Condesa y Roma de la Ciudad de México, donde realmente vive y donde ha tejido una red de negocios restauranteros con su pandilla?
El senador Adán Augusto López, tabasqueño también, auguró que Andy va a ganar “caminando”. Se equivocó de verbo. Debió haber dicho que va a barrer.
SACIAMORBOS
Cuentan que el empresario, uno de los consentidos del gobierno de Sheinbaum por su cercanía hasta laboral con integrantes del primer círculo de la presidenta, ya contrató varios despachos de abogados –y de los caros– en Estados Unidos, para que le ayuden a defenderse allá. Ya le llegó que el gobierno de Trump ha preguntado a México varias veces por él, y al más alto nivel. Los vecinos lo tienen en el radar desde que hacía travesuras con la dictadura venezolana en el programa de alimentos. Y ahora se les cruzó en el tema México.

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