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Madrid.-
El exministro José Luis Ábalos opta por no implicar a Pedro Sánchez en su declaración, al contrario de lo que hizo Víctor de Aldama. Es una estrategia que limita su riesgo penal y evita que el caso escale políticamente en plena fase electoral.

La comparecencia de José Luis Ábalos ante el Tribunal Supremo se ha desarrollado dentro de los parámetros previstos por su defensa. Sin menciones a Pedro Sánchez ni a otros niveles de responsabilidad política, el exministro ha centrado su relato en dos ejes: la ausencia de conocimiento sobre las actuaciones investigadas y la delimitación de responsabilidades en su entorno inmediato. La caja de Ferraz era un caos sin reglas, pero no con él, sino con todo el mundo, según ha contado ante la Sala.
Este enfoque no es nuevo en procedimientos de este tipo. La estrategia pasa por acotar el perímetro de los hechos y evitar cualquier elemento que permita al tribunal interpretar la existencia de una estructura jerárquica más amplia. En términos jurídicos, implicar a instancias superiores podría reforzar la tesis de una dinámica organizada y dificultar la posición de quien sostiene que actuó sin conocimiento de los hechos. En Moncloa estaban tranquilos con esta declaración porque sabían mejor que nadie que Ábalos guardaría silencio ya que, si apuntaba directamente al líder socialista, se abría dos riesgos en su contra: por un lado, se convertía en pieza central de la trama, no en alguien periférico engañado por su entorno, como pretende ser. Además, rompía su línea de defensa actual: "Yo no sabía nada".
Desde el punto de vista procesal, su defensa ha jugado la única baza que le quedaba, la de intentar aprovechar el resquicio que cree que le deja "la no existencia de una prueba directa de los cobros", aunque se acumulen los indicios en su contra (UCO, mensajes, grabaciones, testigos...). La ausencia de referencias a Sánchez se inscribe simplemente en ese marco. No se trata de una omisión casual, sino de una decisión coherente con la estrategia de defensa, y, de esta manera, las dos partes salen ganando dentro de un marco que evidencia que el sanchismo fue más degeneración institucional que regeneración democrática.
En paralelo, la decisión de Ábalos tiene efectos políticos inmediatos. Ábalos fue secretario de Organización del PSOE y una figura central en la estructura del partido durante la etapa inicial del actual Gobierno. Mantener su defensa en el plano estrictamente personal evita un conflicto directo con la dirección socialista y reduce el impacto político inmediato del procedimiento. El que fuera "padrino" de Sánchez en su llegada al poder no sabe lo que pueda seguir necesitando en el futuro de los suyos, aunque aparentemente ahora parezca que ya no hay nada que puedan hacer por él.
En todo caso, Ábalos prestó ayer su penúltimo servicio a Moncloa. Su declaración, basada en el desconocimiento y sin implicar a Sánchez, evita un salto cualitativo del caso porque en clave electoral no genera un shock añadido, aunque el tema se mantenga vivo. Todo lo que está saliendo del Supremo tiene un mayor riesgo de impacto en el propio electorado del PSOE que en el de la derecha, reduciendo el incentivo de la participación en una campaña ya de por sí plana y en la que lo que falta, precisamente, es ambiente de urnas por deseo personal del candidato popular, Juanma Moreno, que considera que esto es lo que más conviene a sus intereses.
Mientras, el Gobierno se encomienda a que se dilaten los tiempos judiciales, no haya escalada a niveles superiores y que los escándalos se mantengan, en la medida de lo posible, en el plano individual.
Fuente: ☕larazón.es☕

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