El cuadro del Prado que usó el hambre como propaganda política en tiempos de Fernando VII. - .

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lunes, 27 de abril de 2026

El cuadro del Prado que usó el hambre como propaganda política en tiempos de Fernando VII.

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El museo expone hasta el 13 de septiembre «El año del hambre en Madrid», obra de José Aparicio cuya historia es ejemplo de hasta qué punto el éxito es efímero... y también político. 

 Arte 
Recreación del «salón tercero» del Museo del Prado en 1819. REMITIDA / HANDOUT por MUSEO NACIONA DEL PRADO Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 27/04/2026
El Prado estrena nuevo formato expositivo dedicado a una sola obra con 'El año del hambre en Madrid' de José AparicioMUSEO NACIONA DEL PRADOEuropa Press

La constancia española, ¿es una voluntad o una imposición? En este caso, un arma propagandística, una falacia embellecida. En la esquina superior derecha de «El año del hambre en Madrid» (1818), de José Aparicio, se puede leer «Constancia española. Años del hambre de 1811 y 12. Nada sin Fernando». Una inscripción acompañada de figuras famélicas, incluso yacentes, que rechazan un trozo de pan porque son las tropas de Napoleón quienes lo ofrecen: tomarla sería una solución para el hambre, pero también una traición a la monarquía absolutista. ¿Es eso constancia? Esta pintura fue de las más exitosas del Prado. De ninguna otra se escribió más en las décadas posteriores a la apertura del museo en 1819. Más valorada incluso que los sangrientos y descarnados (y representativos) «Los Fusilamientos» de Goya. Pero el éxito es (¿como la constancia?) efímero, hasta quedar, con el paso del tiempo y el liberalismo mediante, la obra en el olvido. Una historia que, explica el director de la Pinacoteca, Miguel Falomir, «nos habla de la mutabilidad de la fortuna crítica del arte. Pasó de estar en la cúspide del parnaso crítico a caer en el ostracismo y ser expulsada del Prado». La recuperan y narran con «Una obra, una historia», nuevo formato expositivo que devolverá la obra de Aparicio –en depósito en el Museo de Historia de Madrid– a sus salas hasta el 13 de septiembre.

Entre las Pinturas Negras y «Los fusilamientos» de Goya, entre otras pinturas y esculturas, cuelga la obra de Aparicio, además restaurada. «Durante unos meses previos a esta exposición se ha realizado un proceso de restauración que ha devuelto a la imagen su... no me atrevo a decir esplendor, pero sí su imagen más genuina», apunta Carlos G. Navarro, comisario de la muestra junto a Celia Guilarte. Hace así un guiño al rechazo que entre críticos se ha realizado durante años a la estética del cuadro. Recuerda, de hecho, Falomir cómo, en su época de estudiante, leyó un texto de Antonio Gaya Nuño en el que definía la obra de Aparicio como «horrendo cuadro, falso teatral y desagradable hasta la náusea, que muestra a unos madrileños de 1812 extenuados y famélicos...». «Tenía siempre claro que la primera de las obras que teníamos que incluir en ''Una obra, una historia'' era ''El hambre en Madrid'', porque pocas como ella ilustran la filosofía de este programa», apunta Falomir, refiriéndose a la iniciativa de ir más allá del lienzo, descubriendo así una parte de nuestro pasado no sólo histórico, sino social: pues ¿cómo una obra definida como «horrenda» pudo gozar de tantísimo éxito en su época, llegando a estar valorada en 60.000 reales, frente a los 8.000 de «Los fusilamientos»?

«El año del hambre en Madrid», de José Aparicio (1818) representa a los madrileños cercados por la guerra y sufriendo una hambruna devastadora
«El año del hambre en Madrid», de José Aparicio (1818) representa a los madrileños cercados por la guerra y sufriendo una hambruna devastadoraMuseo del Prado

Lo universal frente a lo academicista

Con la fundación del Prado se expusieron 311 obras en tres salas. En la principal colgaba «el cuadro del hambre», en un entorno bien propagandístico. Le acompañaban «La muerte de Viriato» de Madrazo o dos obras de un Goya rebajado a su faceta retratista. «No deja de resultar irónico ver los bodegones de Bartolomé Montalvo, con sus cocinas y despensas llenas, junto a ‘‘El hambre’’, más allá de una posible asociación con la bonanza procurada por el gobernante», apunta Guilarte. Navarro añade que «era una sala con gran carga política. Cuando se funda el Prado, era el museo de Fernando VII, un rey absolutista que tenía que hacerse querer por la sociedad que lo estaba pasando mal».

La fama de «el cuadro del hambre» fue constante, hasta que, en 1872, al recién nacionalizado Prado se anexionó el Museo de la Trinidad. Esto llevó a una reorganización de la colección, en la que se vio incompatible el discurso liberal con la pintura de Aparicio, hasta el punto de expulsarla. Frente a ella, comenzaron a ser ensalzadas las perspectivas de Gisbert o Goya, pues capturaban una violencia universal frente a lo academicista. Unas miradas que, por cierto, siguen casando con los ojos de hoy pues, siglos después, «Los fusilamientos» sigue siendo de las obras fundamentales del museo: eso sí debe ser constancia.


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