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El presidente del Gobierno puso al país y a su partido en vilo: se aisló durante cinco días para decidir si seguía o no a los mandos del país

Hace dos años que todo cambió en Moncloa, aunque todo parezca igual. Un 24 de abril de 2024, Pedro Sánchez publicó una carta inédita a los españoles. El presidente del Gobierno puso al país en vilo: se aisló durante cinco días para decidir si seguía o no a los mandos del país justo después de que el juez Juan Carlos Peinado abriera diligencias a su mujer, Begoña Gómez. Decidió seguir. Pero ya nada iba a ser igual.
En este tiempo, Sánchez ha cambiado su forma de ejercer el poder. Se ha vuelto más personalista si cabe. El día que escribió esa carta, de cuyo contenido no avisó a nadie, decidió que iba a resistir una vez más contra quienes le quieren fuera. No era la primera vez que el líder socialista afrontaba un rechazo. Hace una década, se revolvió contra la mitad de su partido en un convulso comité federal que le terminó vomitando. Pero no se rindió y volvió. De hecho, llegó a lo más alto.
Por eso, que Juan Carlos Peinado, tras la denuncia de Manos Limpias, pusiera en la diana a su esposa no iba a ser, ni mucho menos, el fin del camino. El presidente escribió ese día el guion de una legislatura que nació muerta, porque los siete diputados de Junts le avisaron de que se lo pondrían imposible. Sin mayoría, no habría grandes leyes, ni grantes transformaciones. Solo bronca, solo reivindicación.
El relato lleva dos años permeando a todos, pero convenciendo solo a una parte: si Begoña Gómez está a punto de sentarse ante el juez por la comisión de cuatro presuntos delitos -tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos y apropiación indebida- es por una conspiración de la derecha política, judicial y mediática. Puro "lawfare". Quienes un día trabajaron con Sánchez y le conocen no salen de su asombro. Y no se han quitado aún el susto del cuerpo.
Quienes conocen a Sánchez coinciden: no vio venir el caso Begoña Gómez.
Todos coinciden en queel caso Begoña Gómez no lo vio venir. Y todos, también, creen que es difícil que haya realmente delito alguno. Pero coinciden en que el presidente solo tenía dos caminos para tomar ese día de abril: el de la asunción de una quiebra de la ética matrimonial -que habría supuesto su fin- o el de la resistencia. Los antecedentes del presidente no daban margen de error. Aunque en el PSOE, que estos días anda revolucionado por la publicación de los vídeos del fatídico 1 de octubre de 2016, aún no se creen que todo un presidente fuera capaz de lanzarles al vacío.
El PSOE, un partido con más de 140 años de historia, se vio entonces totalmente dependiente del líder como pocas veces en su historia. Durante aquellos cinco días, nadie supo nada. Nadie se pudo poner en contacto con el presidente. Se puede decir que desapareció. En Ferraz se organizó una concentración de apoyo. Autobuses llenos de militantes que cortaron la calle para cantar "Quédate" a ritmo de Quevedo. La histeria se apoderó de una organización en estado de shock.
Tuvo que ser María Jesús Montero quien diera un paso al frente. No sabía si de la noche a la mañana se levantaría siendo la primera mujer presidenta del Gobierno de la historia de España. Pero no lo fue. Un lunes de buena mañana, tras cinco días de apagón presidencial, el jefe del Gobierno se montó en el coche rumbo al Palacio de la Zarzuela para decirle al Rey que se iba a quedar. Y así lo anunció poco después desde los jardines de la Moncloa. No iba a darle el gusto a quienes le querían fuera. Si querían pelea, la iban a tener.
Pedro Sánchez se puso ese día los guantes de boxeo. Desde entonces, la causa que se ha investigado en el juzgado de instrucción número 41 de Madrid ha sido el saco. Sánchez y su mujer han intentado por todos los medios a su alcance frenar la instrucción del togado. Pero todas han sido, hasta ahora, infructuosas. Moncloa lleva todo este tiempo pilotando una estrategia de acoso al Poder Judicial. Los puñetazos han sido fuertes. Hasta el punto de que el órgano de gobierno de los jueces ha tenido que dar serios toques al Ejecutivo para que respete la independencia judicial.
Pero ese 24 de abril nació algo más que el enésimo intento de Sánchez de resistir. Nació una innovación. Los años de Sánchez en el gobierno son los de la eclosión del consumo digital de información. Las redes sociales se han convertido en el campo en el que se conforma la opinión pública. Y por ellas circulan bulos y noticias por igual. El presidente supo ver el beneficio. Y, por eso, decidió tildar de bulo amplificado por pseudomedios a toda información crítica o sensible para su gobierno. Dos años trepidantes que lo cambiaron todo.

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