
Es tiempo de disfrutar al aire libre. Estos cinco locales gallegos suponen una buena opción para comer o tomar algo en un entorno cuidado. Al cruzar su puerta, descubrirás la joya que tienen en su interior con terrazas Sorprendentes.
Remanso de paz

En O Ézaro, ese lugar de Dumbría tan turístico por la preciosa cascada del río Xallas, se encuentra el bonito jardín del hotel boutique Mar do Ézaro, que también funciona como bar y restaurante. Es un espacio realmente fantástico, ya no solo por su belleza y el entorno, sino porque se encuentra en la parte trasera del local, apartado del bullicio. Como explica el gerente Miguel Mariño, para quienes lo prueban supone «toda una sorpresa» y un auténtico remanso de paz.
Está delimitado por grandes piedras, las mismas que se encuentran en el conocido monte Pindo, justo enfrente. Lleno de árboles que crean sombras, recibe tanto a huéspedes del hotel como a clientes del establecimiento hostelero. También cuenta con bancos y un sillón colgante. La ubicación de este jardín es excelente con la playa justo al lado, y al otro, el salto de agua. Además, son varias las terrazas de las que dispone el negocio, en lo alto y en la parte frontal, con espectaculares vistas.
Cuenta Miguel que, a veces, hacen barbacoas. Otro aspecto a tener en cuenta , sin duda, es que Mar do Ézaro abre los 365 días del año, desde las 8.30 horas hasta la noche, con desayunos, comidas y cenas. Todas las zonas están conectadas, lo que las hace más accesibles.
Este establecimiento echó a andar en plena pandemia. Lo dirige un matrimonio joven. Alessandra Rodeiro heredó de su abuela las instalaciones, que fueron cambiando sustancialmente. Así, en la zona verde tienen árboles de «máis de cincuenta anos». Entre ellas, una brevera, otra araucaria, manzanos, perales, aloe vera o enredaderas variadas. En las piedras del monte, cuando llueve, se crea una cascada natural. Es un rincón que no promocionan precisamente para que sea más íntimo. En la carta, trabajan con «un bo produto, sen moitas salsas, para que fale por si só». Sirven champán y cava.
El momento dulce

Desde la pequeña terraza delantera del Plus de Sucre, en Cambados, se contemplan unos espectaculares atardeceres, con la lámina de agua del Saco de Fefiñáns en primer plano. La terraza ubicada en el patio trasero no goza de ese privilegio. A cambio, está protegida de los vientos y de las inclemencias del tiempo, ya que parte de ella incluso está cubierta y acristalada. Una circunstancia que permite disfrutar en cualquier época del año de la dulce propuesta que las hermanas Eva y Vanesa Castro ofrecen desde el 2014 en esta cafetería y, a la vez, obrador artesano.
Plus de Sucre nació de la determinación de Eva y Vanesa por ofrecer algo «diferente, inusual y provocador» en el ámbito de la repostería y, al tiempo, integrarlo en la hostelería. Es por ello que su oferta, tanto en bollería artesana, tostadas, tartas, mesas dulces o postres creativos esté tanto a disposición de quien lo solicite por encargo o para un evento como de quien se acerque a su local en Cambados.
Si bien la cafetería abre todos los días de 9 a 22 horas, reconoce Eva Castro: «Nuestro fuerte son los desayunos, las meriendas y los brunchs para grupos a partir de seis personas». Un brunch que es todo un catálogo de tentaciones. «Les ponemos varios tipos de tostadas, muffins, cruasanes, napolitanas, bizcochos, galletas y gofres, hechos aquí. También quesos y embutido, frutas frescas, zumos naturales, batidos y bebidas calientes», explican. Todo ello dispuesto con generosidad y esmerada atención, dos de las señas de identidad de la casa.
La terraza acristalada del Plus de Sucre y su patio anexo son el espacio ideal para dar cuenta de la diaria oferta de dulces que se exhiben en su expositor, de su variedad de tostadas (desde las más clásicas a otras como la de plátano y chía, la de nueces con miel o la de Nutella con plátano y fresas), pero también para el tranquilo disfrute de un selecto café, de un batido natural o para compartir unas cañas o unos vinos.
Piedra de la Ribeira Sacra

El restaurante O Campanario fue primero una antigua vivienda que tenía un patio interior; después fue cafetería y, finalmente, cuando la pareja formada por Samuel Moreno e Isabel Kinsella lo convirtió en comedor tuvo claro que quería aprovechar ese espacio. En la casa predominan los tradicionales materiales de la arquitectura gallega: piedra y madera. Así que en este local de Luíntra (Nogueira de Ramuín), uno puede comer en un espacio clásico, pero reformado al detalle. Desde ahí además se accede por unas escaleras exteriores a la vinoteca privada del local. Los jóvenes cocineros supieron sacar provecho a una construcción ubicada en la Ribeira Sacra ourensana. Una parte del jardín está tapada con un techo de vigas de madera, que conservaron del edificio original. Ahí se puede comer durante todo el año, acompañado de una necesaria estufa. A partir de la primavera, habilitan toda la terraza interior, que es de lo más demandado por los comensales. Tiene una capacidad para 30 personas y también acepta la compañía de perros. «Es lo que más gusta cuando llega el buen tiempo», asume Samuel. La decoración está tan cuidada como la del propio restaurante, con plantas y detalles que crean un lugar moderno y acogedor. Además del servicio de comidas, también se puede reservar para eventos. Esa mezcla de lo tradicional con una visión más actual refleja la cocina del restaurante. Como explica el chef Samuel, ofrece productos elaborados con carnes y pescados de cercanía, pensando en la cocina «de antaño», pero con un toque renovado. Destacan especialmente los platos a la brasa. Un ejemplo de los sabores de este local ourensano pueden ser los rollitos de primavera rellenos de porco celta con salsa agridulce o el pulpo a la parrilla con patatas salteadas y virutas de katsuobushi. O Campanario abrió sus puertas en el 2019 y se consolidó como una de las opciones gastronómicas predilectas de la Ribeira Sacra ourensana.
Unas vistas privilegiadas

De espacios abiertos y verdes saben bastante en el municipio lucense de Friol; concretamente, en la cafetería del Club Fluvial. Este reconocido local de hostelería cuenta con una amplia terraza, a modo de gran balconada, con unas vistas privilegiadas, que reúnen todos los ingredientes de una idílica estampa de postal: espacios verdes, piscinas, paseo fluvial y hasta un castro. Manuel Castiñeira, gerente del local junto a su esposa, Ángeles Varela, reconoce que el entorno en el que están situados es uno de sus principales atractivos: «A xente vén todo o ano, pero sobre todo no verán, buscando estas vistas. Veñen de toda a contorna, non só de Friol. Temos un paseo precioso, vese a paisaxe verde, o Castro do Friulio...», detalla el responsable.
La cafetería del Club Fluvial, una concesión del Concello de Friol, reabrió sus puertas hace cuatro años, tras una reforma integral y modernización de sus instalaciones y después de llevar cuarenta años en funcionamiento, también de la mano de esta pareja de hosteleros. Además de la terraza, en verano aprovechan que la propia cafetería está cerrada con amplias cristaleras para abrirla y convertirla al completo en una gran terraza abierta a la zona natural: «Queda toda aberta cara ao xardín e as piscinas cando vai bo tempo e a xente agradéceo moito», continúa el hostelero.
El público que se acerca hasta esta cafetería es mayoritariamente joven, pero no exclusivamente: «Aquí chegan a vir familias enteiras, desde o bisneto ata o bisavó», matiza Castiñeira. El amplio horario que ofrecen también es otro atractivo: «Estamos abertos desde as sete da mañá ata a unha da madrugada, de luns a domingo», y durante todo el año. El servicio que ofrecen en este establecimiento de Friol es el de cafetería, no sirven comidas, aunque sí que se encargan de elaborar bocadillos, pinchos y tapas.

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