
Andrea Restrepo, tras leer duros comentarios en Facebook, se decidió a exponerse públicamente y a explicar por qué su furgoneta aún no está pintada de blanco o por qué circula más despacio. Demanda «que no se debe juzgue sin conocer los hechos, porque puede causar mucho daño psicológico»
Todo comenzó a inicios de marzo, cuando la joven —nacida en Colombia, pero criada desde niña en Santiago— llevaba pocas jornadas haciendo una última parte de la ruta que recorre a diario desde Conxo, en Compostela, y con la que, tras circular por O Restollal y O Castiñeiriño, se adentra también en el Concello de Teo, repartiendo paquetes por 26 lugares de ese municipio. «Yo llevo menos de dos meses en la empresa y, esa última parte de las aldeas de Teo, la hago desde hace menos de un mes. No conozco los lugares, por eso circulo despacio; o me paro, y doy vueltas. Si miro el móvil estando parada es porque busco la geolocalización o guardo luego las ubicaciones en mi Google Maps», remarca, respondiendo así a algunas de las sospechas que se escribieron contra ella desde hace semanas.
Después de que una usuaria pusiese el foco en una «furgoneta encarnada que circula por Feros e por Raxó e da que, a conductora, dá a impresión que está vixiando algo, circulando despacio e pasando unha e outra vez polo mesmo sitio», los comentarios no dejaron de crecer, ni de subir de tono, pidiendo algunos miembros del grupo que la gente cogiese la matrícula de su coche y se la comunicase a la policía, o reconociendo otro usuario que «hoxe discutín con ela en Cacheiras polo medio da estrada». En las jornadas siguientes, los comentarios continuaron, ubicando dónde se había visto a la furgoneta y a su dueña, a la que acusaban de sacar fotos a las casas. «Eso no es cierto. Cuando dejo paquetes en alguna casa, y la gente no está, documento la localización exacta con una foto, que el cliente me da permiso para sacar. O bien se la envío directamente o la guardo para mí como prueba de que el paquete se entregó, ya que podría perderse. Nunca saco fotos de las casas ni de nadie que viva en ellas», reafirma Andrea, explicando también por qué su furgoneta roja aún no está pintada como las del resto de la firma de paquetería, algo que también levantó las suspicacias populares.
«Yo, desde siempre, me dediqué a la hostelería. De hecho, hasta llevé un año un bar que había en la avenida Rosalía de Castro, en Santiago, o trabajé en la famosa A Taberna do Portugués, de Boqueixón. Pero, hace años, tuve un accidente, y poco a poco ese sector me fue pesando. Mi pareja, que trabaja en CTT, me comentó la posibilidad de que me hiciese al suyo, y no dudé. Somos autónomos. Compramos la famosa furgoneta roja en Málaga. Es automática y algo especial, por mis operaciones de cadera. Fue un vehículo difícil de encontrar… Entiendo que extrañe que sea roja, pero, avisamos a la empresa y nos dijeron que no había problema si la pintábamos de blanco. Lo que pasa es que no nos dieron fecha hasta el 12 de abril, que es cuando la vamos a pintar. Luego se rotulará como el resto de las de la empresa. Por ahora llevo un cartel para aclarar que soy de CTT y, la responsable de la empresa, al ver todo lo que se montó, ya me dio también una sudadera», explica, fotografiándose con ella puesta.
«De los comentarios de Facebook me enteré por casualidad. El primer punto CTT donde paro es en el Estanco Paz Nogueira, en O Castiñeiriño, en Santiago, a cuyo personal conozco bien, porque en mi etapa como hostelera también trabajé en el cercano Mercado Boanerges. Ellas fueron quienes me alertaron de que se hablaba de mi furgoneta en ese grupo de Facebook. Al principio ni le di importancia, y hasta me lo tomé de broma. Pero a medida que pasaban las jornadas, ellas me lo comentaban de nuevo y, sobre todo, desde que empecé a ser consciente de que algún coche me seguía cuando circulaba por esas aldeas de Teo, empecé a sentir cierto miedo», explica, sin olvidar un día que la marcó.
«No voy a olvidarme de una dirección. Buscaba una casa situada en una calle, llamada Igrexa, y es cierto que debía ir a 10 kilómetros por hora. De repente, un hombre me empieza a insultar, a llamarme ''paleta''», lamenta. «A partir de esa jornada, otros vecinos, en cuanto me veían, cogían sus coches... También pasaba que me paraba con alguien para preguntar una dirección y todos se iban corriendo diciendo: ''No, no''. O iba a entregar paquetes y no me abrían la puerta. Fui entonces consciente de la magnitud de lo que pasaba. Lo que empezó siendo para mí un reparto relajante, por una zona preciosa, y que me permitía hablar de forma cercana con los vecinos, se convirtió en algo que me hacía sentir muy mal. Ves comentarios como ''Hay que cogerla y darle de palos'' o ‘'Hay que reventarle la furgoneta'' y ya no sabes qué hacer. Hasta me empezó a dar miedo dejar la furgoneta abierta… Al final me decidí a escribir en el mismo grupo de Facebook razonando por qué circulo despacio y explicando quién soy. Creo que de lo que pasó la gente debería aprender que no se debe juzgar sin conocer los hechos, porque puede causar mucho daño psicológico. Me gustaría que quedase esa enseñanza, la de no juzgar y difamar», remarca firme.
Ya más tranquila, aclara que la jornada de ayer, un día después de que se decidiese a narrar todo en Facebook, transcurrió sin incidentes. «Mucha gente me dio ánimo… Ayer, tras la publicación, leí todos los comentarios que me dejaron y me quedó el corazón encogido de la emoción. Ojalá a partir de ahora los vecinos se paren a hablar conmigo y me conozcan. Soy buena persona, responsable y trabajadora», acentúa ya agradecida.
Su publicación, ya viral, suma más de 200 comentarios de apoyo.

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