La afirmación de mi hermana me devolvió la tranquilidad. Una de mis hermanas paternas vive en Caracas. Ella, mis sobrinas y mi cuñado están bien. Es todo lo que quería saber las primeras horas de este sábado (pasado-presente).
Me da detalles. Está nerviosa. No puedo imaginar lo que siente. Para mí sorpresa tiene conexión a internet y señal en la televisión. Hablamos de manera atropellada. Quisiera estar más cerca, abrazarlas. No nos vemos desde hace casi 20 años.
Y es extraño tanto tiempo sin verla. Mi pasaporte venezolano está casi desintegrado en una gaveta. Por años traté de renovarlo en el consulado. Nunca había libretas. Me dieron como opción viajar con carta de ruta y renovarlo allá. No podía hacer eso. Así que no tengo pasaporte para entrar al país en el que nací y en que aún me une un lazo sentido, una casa en casi abandono, y una hermana que trata de estar en calma y a quien quiero abrazar.
***
Era una niña aún cuando vi en televisión el intento de golpe de Estado de Hugo Chávez en 1992.
Estaba en el último año de bachillerato cuando Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela.
Era una joven adulta cuando regresé a ese país tan cercano como ajeno. Recorrí las calles del barrio, y me despedí de todos los fantasmas.
O al menos eso creí.
***
La muerte de Julio César –Cayo Julio César- es un episodio histórico bastante conocido y usado de manera recurrente cuando se habla de traiciones políticas. El fantasma de las 23 puñaladas a Julio César en un salón del Senado romano es algo que ha gravitado sobre muchos gobernantes a lo largo de la historia. Quienes antes te apoyaron, te traiciona, algunos desde la sed de poder, otros, los menos, desde una creencia que traicionar es un camino de liberación para la mayoría (a veces lo es).
Al terminar de escuchar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofrecer detalles sobre el apresamiento de Nicolás Maduro, autoproclamado presidente de Venezuela desde julio de 2024, no pude evitar recordar a los conspiradores contra Julio César.
Me parece que no es posible que pasara lo que pasó sin algún apoyo interno.
A alguien le debe caber la pregunta: “¿Tú también, hijo mío?”.
***
Trump remarcó el tema del petróleo, ese tesoro venezolano que siempre ha dado riqueza a unos pocos y poco a muchos. Felicitó a sus fuerzas armadas, minimizó a una oposición en el exilio que lidera María Corina Machado, quien obtuvo el Nobel de la Paz que él también quería.
Se pueden hacer muchas lecturas sobre lo que dijo el presidente de Estados Unidos. Se pueden suponer escenarios. Cuestionar el regreso de una renovada, y algo esperpéntica, doctrina Moore (esa que reza lo de “América para los americanos”).
No soy analista política. No tengo idea de lo que pueda pasar, lo que esté pasando en el presente-futuro en que se leerán estas líneas.
Las posibilidades están abiertas, y es posible que la mayoría de ellas no sean las mejores.
***
Pienso en la posibilidad de volver a tener un pasaporte para viajar al país al que nací.
¿Qué podría encontrar detrás de los fantasmas, de sus esperpénticas resurrecciones?
Leo un mensaje de mi hermana.
- El tema acá es cómo será este proceso.
Ella no tiene respuesta. Tampoco yo. Las horas de transmisión de noticias y análisis en televisión, en las redes sociales, no me dan ninguna idea de alguna respuesta.
En la confusión, en la incertidumbre, le digo lo único que puede decirle.
- Cuidate. Cuidense.
Mantenemos la esperanza de los abrazos guardados para un presente-futuro en este presente-pasado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario